#1 – Febrer 2013

Portada #1El desarrollismo, como ideología y práctica de una relación social concreta, se asienta en la fe en el «progreso», en el mito liberal del crecimiento ilimitado. ¿Pero qué ha posibilitado ese crecimiento exponencial, ese desarrollo industrial y urbano a toda costa, sino la accesibilidad a un combustible tan barato como lo ha sido hasta hace pocos años el petróleo? El artículo de José Ardillo, «Interrogantes sobre el cenit del petróleo», nos introduce en los cauces y remolinos que el más que probable agotamiento del crudo o peak oil abre tanto en el proceso de acumulación capitalista –dinamitando a la menor oportunidad el mismísimo régimen del «bienestar»– como en cada uno de nosotros. Y lo hace sin tratar de vendernos ilusiones o recetas voluntaristas, lo que es de agradecer. Tampoco es amigo de anteponer escenarios apocalípticos para captar nuestra atención. Muy al contrario, su escrito es capaz de responder a multitud de preguntas simplemente abriendo otras nuevas:

Cuando se habla de cenit del petróleo, ¿de qué se está hablando en concreto? ¿Se refieren a un milagro de la geología o a un comportamiento rutinario de la industria extractiva? ¿Tiene algo que ver con las decisiones de los magnates del petróleo, los ministros de energía, los corredores de bolsa? ¿Se trata de geoestrategia o de quiromancia?

Ardillo, seudónimo de Toni García, cofundó el colectivo ya extinto Los amigos de Ludd, es autor del libro de ensayos Las ilusiones renovables. La cuestión de la energía y la dominación social (Muturrekoburutazioak, Bilbao, 2007) y de la muy congruente novela de anticipación El salario del gigante (Pepitas de calabaza, Logroño, 2011).

El siguiente texto, «Sobre el incendio que ha asolado el Alto Palancia y los incendios en general», viene firmado por el Grupo por la defensa del territorio del Alto Palancia (Segorbe, Castellón). Recordemos que el pasado verano de 2012 cerca de 300.000 hectáreas de arbolado, matorral, monte bajo, pastos y dehesas ardieron en la península: 165.000 en el Estado español y 99.000 en Portugal. Grandes áreas de ecosistemas como los parques nacionales de Garajonay y Teide, en las islas Canarias, el parque nacional de Cabañeros, entre Ciudad Real y Toledo, y una parte del espacio natural de la Serra do Caldeirão, al sur de Portugal, fueron arrasadas por el fuego. Especialmente trágicos fueron los incendios de Cortes de Pallás y Andilla, localidades valencianas en las que se calcinaron alrededor de 50.000 hectáreas, y los del Alt Empordà y La Jonquera, en Girona, que devastaron unas 14.000. Los autores de este trabajo colectivo enuncian con claridad y sentido crítico las causas más probables de dicha catástrofe; a saber: la degradación y transformación de los bosques y de la vida rural, que entre otras lindezas ha sustituido el monte mediterráneo por inmensos polvorines de pino, la magnificencia técnica de las tareas de extinción (Protección Civil, Unidad Militar de Emergencias, etc.) frente a las prácticas colectivas tradicionales, desechadas de inmediato pese a ser el resultado histórico de un conocimiento muy profundo del entorno, o los impedimentos que el proteccionismo estatal ingenia con tal de dificultar que los afectados consideren por sí mismos si defender sus hogares y sus cordilleras merece el arrojo. El Grupo por la defensa del territorio del Alto Palancia ha escrito con anterioridad otros trabajos sobre proyectos de infraestructuras que amenazan a esta comarca, como el Corredor Mediterráneo (TAV) o el almacenamiento geológico de co2.

La gestión «público-privada» de los montes, del muy mermado ámbito rural o de grandes amasijos urbanos mal llamados ciudades es el tema que ocupa otro texto colectivo de compañeros de Alicante, Alcoi, Valencia, Albacete y Barcelona y de nuevo centrado en una parte del este peninsular: «La ETCV (Estrategia Territorial de la Comunitat Valenciana)». ¿Y de qué trata? Contextualicemos… Una vez aprobados los Estatutos de Autonomía, recogidos en la Constitución española de 1978, la ordenación del territorio pasó a ser competencia de las comunidades autónomas, tanto la legislación como los instrumentos. La implantación de normativa de ordenación territorial se prolongó de 1987 a 2001, resultando finalmente una burocracia muy ambigua y de difícil aplicación. Aunque todas las autonomías cuentan con legislación específica de ordenación del territorio, sólo algunas han aprobado algún instrumento de ordenación de carácter general para el ámbito regional, otras lo han propuesto varias veces y por el momento no lo han aprobado y otras están actualmente en trámite de formulación. A todo esto hemos de añadir el creciente número de instrumentos de carácter sectorial o subregional ya aprobados o iniciados. Durante la última década se están incorporando herramientas de uso cada vez más generalizado en toda Europa, siguiendo el modelo de la Estrategia Territorial Europea 2020 (ATE 2012), los sistemas de Información Geográfica (GIS, Geographic Information System) o la Evaluación Ambiental Estratégica (EAE), entre otros muchos. Es en este marco que nace la ETCV. El artículo de No i punt explica qué es y qué pretende esta maniobra de gobierno «integral» orquestada desde arriba. En boca de estos cuervos negros:

La evolución reciente de la realidad económica y social en los territorios avanzados, y sobre todo la crisis económica y sus secuelas, han puesto de manifiesto la importancia que tiene el factor territorial como activo no deslocalizable de competitividad económica […] el territorio importa más que nunca y sólo aquellas [sociedades desarrolladas] que sepan utilizarlo de forma racional, como factor de competitividad y diferenciación en el mercado global, saldrán de este periodo crítico en posiciones de ventaja.

En fin…

«Cap on va el moviment agroecològic?» inaugura un pequeño bloque dedicado a los interrogantes, contradicciones y dificultades con los que suelen topar quienes apuestan por adentrarse en proyectos «en positivo» –muy necesarios, por otra parte. Es el caso de los sectores más críticos de la producción y el consumo de alimentos ecológicos y de algunas colectividades y centros sociales okupados del ámbito «rurbano» y rural. Guillem Tendero, agitador ecosocial, habitante y parte del proyecto social de Can Masdeu, integrante del ya desaparecido colectivo Transgènics Fora!, organizador junto al que redacta estas líneas del Cicle de pensament i lluita antindustrial (enero-junio 2010, Barcelona), miembro de la Aliança per la Soberania Alimentària de Catalunya (ASAC!), etc., repasa en este primer texto los orígenes del movimiento agroecológico a nivel global, y en Cataluña en concreto, destaca algunas iniciativas surgidas en esta orilla del mundo a partir de 2002 y señala los límites más claros del movimiento que promueve la lucha por la soberanía alimentaria. En «Tornar al camp», Rafa, un compañero de Alcoi involucrado en la recuperación de saberes agrícolas, insiste en las limitaciones a las que se refiere el anterior artículo a la vez que introduce una nueva problemática:

Amb l’increment de les contradiccions del sistema capitalista com la superpoblació de les conurbacions, els nivells de contaminació, la vacuïtat de la vida a la ciutat i especialment, amb la situació de crisi econòmica i els índexs d’atur, un panorama de ruralització o èxode urbà durant les pròximes dècades sembla bastant versemblant. Sobre el possible potencial transformador d’un moviment organitzat que apunte en aquesta direcció es recolzen, de forma distinta, corrents com l’antidesarrollisme o el decreixement. Passant per alt les diferències (en alguns aspectes irreconciliables) que separen aquests moviments, pensem que en general no han parat prou atenció al que per a nosaltres seria una idealització del món rural: d’una banda la idea de que una tornada a lo rural és en si mateixa un fet revolucionari; d’una altra la concepció de lo rural com espai disponible per al goteig de persones, en la mesura que prenguen consciència de la insostenibilitat urbana.

¡Ahí es nada! Y a modo de colofón, Miquel Amorós, una de las dos personas que impulsamos Argelaga, recoge el testigo y deja constancia de sus impresiones en forma de ocho notas breves en «El dret al territori».

A continuación se abre un nuevo apartado dedicado a infraestructuras. En primer lugar «Capital viento. Por qué las centrales eólicas», que recoge una aclaradora charla de Miquel al respecto celebrada dentro del Cicle «antidesarrollista» en defensa del territori (abril-mayo 2012, Barcelona), y en segundo lugar «Más allá de la fractura hidráulica», de la Asamblea contra el fracking de Bilbao (Bilboko fracking-aren aurkako asanblada). Sobre las eólicas industriales más o menos todo el mundo tiene unas nociones básicas de cómo funcionan, quizá demasiado básicas, pero la fractura hidráulica o fracking ¿qué es? Muy brevemente… Fracking es un término anglosajón para referirse a la técnica de fracturación hidráulica para la extracción de gas no convencional. El procedimiento consiste en la extracción de gas mediante la fracturación de rocas de pizarra o de esquisto, que son rocas de baja porosidad y baja permeabilidad. Para extraer el gas atrapado en la roca se perfora entre 400 y 5.000 metros en vertical y después entre dos y cinco kilómetros en horizontal. Entonces se inyecta un 98% de agua con arena –miles de litros– y un 2% de aditivos químicos a gran presión –unos 560, entre los que se encuentran algunos cancerígenos, mutágenos y disruptores hormonales. Esto hace que la roca se fracture y el gas se libere y ascienda a la superficie a través del pozo. El proceso se repite unas dieciocho veces a lo largo de la veta de roca rica en gas. Entre un 15 y un 85% de la mezcla inyectada vuelve a la superficie y se almacena en balsas al aire libre hasta su posterior tratamiento, pudiendo contener capas de pizarra o de esquisto. Es muy común que estas rocas contengan metales pesados como mercurio y plomo así como radio y uranio, altamente radioactivos. Entre los impactos asociados a esta técnica se encuentran un gran despilfarro de agua, contaminación de aguas subterráneas y superficiales, contaminación de tierras, contaminación atmosférica, emisión de gases de efecto invernadero (metano) y generación de pequeños seísmos, además de impactos sobre el paisaje, ruidos, etc.

Volviendo de nuevo a los textos, tanto el de Amorós como el de los compañeros de Bilbao analizan estas infraestructuras a la sombra de la actual crisis económica, que es en realidad consecuencia de –a la vez que disfraza– una crisis de mucho mayor alcance: ecológica, energética y alimentaria. Tengamos en cuenta que entre 2007 y 2008 el precio del barril de petróleo alcanzó los 145 dólares tras un vertiginoso aumento del 400% en seis años. Esto hizo tambalear el mercado mundial del transporte y, como consecuencia, también el transporte de alimentos. El aumento del precio del petróleo, unido a la demanda creciente de biocombustibles en los países desarrollados, al aumento del costo de los fertilizantes –derivados del crudo– o a la pujante clase media asiática –que reemplaza a la «ciudadanía» occidental en su exigencia de mayor variedad de alimentos y más carne en sus dietas, por lo tanto un mayor consumo de recursos agrícolas–, provocó un incremento generalizado del precio de los alimentos en todo el mundo, generando así una crisis alimentaria en las regiones más pobres del planeta (Malawi, Zambia, Zimbawe…), además de inestabilidad política y explosiones sociales en varios países (Haití, Egipto, Indonesia, Bangladesh, India…). Fue en verano de 2008, considerado oficialmente el periodo de estallido de «la crisis», que el sistema financiero global entró en fallida infectado por la quiebra del sistema financiero norteamericano, estrechamente ligado desde los años cincuenta del pasado siglo al expansionismo urbano, mercantil y agroindustrial. Pero esta crisis multifactorial, de estructura, civilizatoria, no se limita únicamente al petróleo. El gas natural también está en las últimas en muchos lugares y su pico de producción no sucederá mucho después que el del crudo, lo cual explica la emergencia de la gran industria energética y de muchos gobiernos con respecto a la explotación del gas no convencional.

Aunque el antidesarrollismo y la defensa del territorio es el eje central de esta revista, pues entendemos que la expansión tecnoindustrial es de «vital» importancia para que el capitalismo se desarrolle y enraíce en el cuerpo social, no por ello dejaremos de lado otras consideraciones y otros combates contra este cáncer. En todo caso no son cuestiones que se den por separado. En esta ocasión nos hacemos eco de algunos debates que giran en torno a la lucha contra el patriarcado, por un lado, y que aparecen en el seno mismo de la lucha contra las prisiones, por otro. En «De feminicidios y construcciones de la mujer» Guiomar Castaños, una compañera en varias batallas, señala la deriva retrógrada que está tomando en los últimos años cierta crítica al feminismo –así, grosso modo, sin distinguir entre sus muchas acepciones. Guiomar, muy lejos de adentrarse en controversias maniqueas, deja claro que para que la reflexión sobre las viejas y nuevas formas de dominación vaya realmente a la raíz es necesario analizar bien qué ideas se manejan y no dar por buenos esquemas que forman parte de la historia de la dominación. «Campañismo y anticampañismo. Crítica de la ideología presista» es un documento de la asamblea de solidaridad de Valencia, en el que este colectivo, curtido en la barricada anticarcelária, muestra su postura frente a lo que llaman campañismo:

la idea de campaña publicitaria, destinada solamente a que se hable de algo, a llamar la atención por un momento, instando a comprar algo, pero sin mayor compromiso. O la idea de campaña electoral, pidiendo el voto para un partido o para un sindicato; un gesto tan trivial, tan fácil, tan conformista, tan intrascendente, que no puede ir acompañado más que de una reflexión superficial, porque las reflexiones políticas profundas, en esta época miserable, hacen daño y, si lo piensas de verdad, no solamente no votas sino que quizá tendrías que hacer algo drástico.

Aprovechamos la ocasión para informar de que a partir del próximo mes de mayo se celebrará en la Audiencia Provincial de Barcelona un juicio a trece carceleros imputados por torturas a raíz del motín de Quatre Camins en 2004. También queremos recordar a Agustín García Calvo, que falleció el pasado 1 de noviembre de 2012. Sin sus innumerables coloquios, poemas, canciones, obras de teatro… Sin su NO al Estado, al Dinero, al Trabajo, al Desarrollo, parte de esta revista hubiera sido imposible.

Sin más, que la lectura sirva de revulsivo.

[64 págs. 21 x 29,7 cm]

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