“Pobles vius, pobles combatius!” Retazos de un año de lucha contra la Alta Tensión

Resumen de un texto aún mayor que está por publicarse. El artículo es a la vez un testimonio y un análisis exhaustivo de la lucha contra la construcción de la Línea de Alta Tensión Ontinyent-Juan Urrutia-Alcoy a su paso por el Valle de Albaida, en el sur de la provincia de Valencia, que rebasó los límites de oposición ciudadanista y dio lugar a un movimiento realmente popular. El organismo coordinador, la Plataforma Contra la Alta Tensión, es analizado de principio a fin en todos los detalles de su recorrido a fin de extraer el máximo de enseñanzas. Estamos ante un documento importante por el ejemplo que da, pues rara vez las luchas van acompañadas de esfuerzos reflexivos a la altura de las circunstancias.
Publicado en
Argelaga 2 y 3.

Las notas que siguen son una aproximación parcial y subjetiva a los hechos, situaciones y vivencias acontecidos en el transcurso de un año, de diciembre de 2010 a diciembre de 2011, en el contexto de la lucha contra una línea de alta tensión (LAT) en la comarca valenciana de la Vall d’Albaida.

Al ser fruto de unas pocas personas, el texto por obligación contiene una visión reducida, quizás opaca, que no tiene porqué corresponderse con la versión del resto de involucrados. Por ello, animamos a quienes participaron en esta refriega a poner en común sus discrepancias sobre lo ocurrido. Una vez tengamos los apuntes y notas sobre la mesa podremos dotar de contenido un inventario que nos sea de utilidad de cara a próximas contiendas.

A través de este texto pretendemos dar a conocer las circunstancias que propiciaron la oposición a un proyecto de pequeñas dimensiones, en comparación con otros (macrovertedero de Llanera de Ranes, almacén nuclear de Zarra, tren de alta velocidad, etc.), que por lo visto y oído ha tenido eco más allá de estas montañas.

Las aportaciones que podamos ofrecer se encaminan hacia la reflexión sobre las causas y el trabajo que posibilitaron un encuentro de matices populares, que escapó al gueto político y por momentos traspasó los límites superfluos de la ideología ciudadanista, y no tanto a las acciones particulares o colectivas que confluyeron en un ambiente inusual, cuyos niveles de conflictividad habría que tener en cuenta. Por lo tanto, ponemos el acento en las cuestiones organizativas y no en la espectacularidad de las acciones y demás batallitas.

1. Situación geográfica

La Vall d’Albaida, ubicada dentro de las llamadas comarcas centrales, forma parte de las más de treinta comarcas que constituyen el territorio autonómico de la Comunitat Valenciana. Con una población superior a los 85.000 vecinos, está compuesta por un total de treinta y cuatro municipios, de los cuales tan solo seis superan los 2.500 habitantes. Hasta la fecha esta comarca, junto con la del Alcoià y otras limítrofes, ha constituido uno de los enclaves estatales más importantes de la industria textil en la península, aunque la presencia de las actividades agrícolas y ganaderas, actualmente en declive a favor del sector terciario, han tenido un notable protagonismo a lo largo de los años.

Las cuatro poblaciones afectadas por el trazado de esta línea son las situadas al sur-suroeste de este valle rodeado por montañas (Serra d’Agullent-Benicadell al sur y la Serra Grossa al norte) que, según cuentan, toma el nombre de la blancura de sus tierras, que los árabes dieron en llamar Al-baydà, “la blanca”. A día de hoy es una de las zonas valencianoparlantes que mejor conserva, para lo bueno y lo malo, el carácter autóctono y tradicional de la Comunitat.

2. La Plataforma –¡asamblea!– contra la Alta Tensión

El 4 de febrero de 2012 un particular, afectado de hipertensión al enterarse por la prensa de la inminente instalación de una línea eléctrica en nuestras sierras calcinadas, convocó una reunión en Ontinyent entre varias organizaciones, asociaciones y colectivos, digamos, inclinados por cuestiones socioambientales. Para sorpresa de muchos de los asistentes, finalmente al evento acudieron cerca de medio centenar de vecinos y una representación menor del resto de pueblos afectados. Allí se expusieron brevemente los hechos y se abrió un turno de palabras. Tras una hora de propuestas y valoraciones se acordó la creación de tres grupos de trabajo (difusión, legal y economía) encargados de elaborar una hoja de ruta de cara al siguiente encuentro. De estas comisiones surgió lo que semanas más tarde sería la Plataforma contra la Alta Tensión.

Consensuar la dirección del barco (objetivos), el tipo de embarcación (forma organizativa), los compañeros de viaje (colectivos) y las herramientas a utilizar (argumentos, etc.) no fue tarea fácil. Como es habitual en este tipo de experiencias, muy heterogéneas y sin apenas relación previa entre los participantes, el miedo a no encontrar una postura común al resto de involucrados hizo que el debate se aplazase hasta lo insoportable. La cosa terminó por explotar tras la primera charla informativa convocada por la Plataforma, en la que los ponentes insistieron en la necesidad de soterrar la LAT, sin siquiera preguntarse si un incremento del abastecimiento eléctrico en la zona es necesario, qué finalidad cumple, a qué intereses beneficia, etc. Un toque de atención de algunas personas respecto a estas posiciones y comportamientos –dar por general la opinión propia– obligó a la Plataforma a plantearse un cambio de rumbo. Después de mucho enfrentar posturas y reflexionar, se decidió ceder el protagonismo a la asamblea, en detrimento de cualquier personalismo u organización externa (sindicatos, partidos políticos, ayuntamientos…), y se acordaron una serie de mínimos que posibilitaron emprender la el viaje.

Parte de estos acuerdos se plasmaron, junto a un decálogo que sintetizaba el porqué de la oposición a este proyecto (destrucción de flora y fauna, compartimentación del territorio, falta de transparencia, imposición, irregularidades, reproducción de un modo de vida despilfarrador y consumista, etc.), en un folleto que en adelante representaría el posicionamiento público de la Plataforma:

La plataforma contra la Alta Tensión está formada por personas a título individual que se organizan de forma asamblearia y reciben el apoyo de varios colectivos y asociaciones de todo tipo que son sensibles a esta problemática.
Nuestro objetivo es la paralización inmediata de este proyecto para que revisen las necesidades energéticas reales y se abra un debate sobre las opciones y alternativas existentes, en caso de que este fuera necesario. Priorizando el ahorro energético como punto de partida y el aprovechamiento de las redes existentes, en vez de construir nuevas [1].

3. Línea Ontinyent-Juan Urrutia-Alcoy

Con el nombre Línea Ontinyent-Juan Urrutia-Alcoy se bautizó el proyecto de instalación de una línea eléctrica, de 132 kilovoltios, a doble circuito, que a pesar de una gran oposición hoy forma parte de nuestro paisaje. Como su nombre indica, conecta la subestación transformadora (ST) de Ontinyent con la línea ya preexistente Juan Urrutia-Alcoy, a su paso por el Port d’Albaida.

De acuerdo con el proyecto inicial, la línea comienza su recorrido en la ST de Ontinyent, en el Pou Clar, con un tramo subterráneo de unos 700 metros. Una vez cruzadas las vías del tren que une Alcoi con Xàtiva, sale a la superficie y continúa a media ladera a través de la sierra de Agullent, mediante un total de treinta y siete torres de unos 30 metros de altura cada una de ellas, y acaba en el apoyo 163 de la línea Juan Urrutia, al otro lado de la A-7. La línea invade los términos municipales de Ontinyent, Agullent, Benissoda y Albaida y durante sus más de 11 kilómetros aéreos discurre por terrenos catalogados de protección forestal, Paraje Natural Municipal –más de 4 kilómetros– y diferentes espacios de gran valor ambiental, cultural y paisajístico que albergan una importante variedad de ecosistemas y hábitats reconocidos, además de ser lugares de una gran significación local: la Covalta para los albaidines, la Font del Patge para los vecinos de Benissoda, y el Torrater, els Ingeniers, la senda del Cuco y la Ombria del Pou Clar para los hijos de Ontinyent y Agullent.

Para más inri, parte de estos terrenos fueron arrasados por un incendio provocado apenas tres meses antes de que se aprobaran las obras, y a día de hoy, con la línea ya finalizada –y sin uso–, aún se carece de informes y de un Estudio de Impacto Ambiental que se adecue a las condiciones actuales del terreno, indispensables según las reglas que determina la Ley de Ordenación del Territorio y Protección del Paisaje. Desde un primer momento el proyecto provocó la disconformidad de todos los ayuntamientos afectados, al margen de sus marcas políticas, alegando en varias ocasiones que el trazado se acerca peligrosamente a núcleos edificados y transcurre por suelos de protección especial.

Mucho más representativos fueron algunos informes emitidos por el departamento de Medio Ambiente de Ontinyent y por Serveis Forestals, en los que se dejaba constancia de las irregularidades expuestas en la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) aprobada por la Conselleria y se rebatía punto por punto la casi totalidad del documento, llegando incluso a desaconsejar la instalación de la línea:

la que denomináis l’ombria de la Filosa en el DIA, en verdad corresponde a la sierra que pasa al sur de Ontinyent, Agullent y Benissoda. La parte de esta sierra es la que se denomina el Torrater.
[…] una línea de alta tensión aérea de nueva ejecución en el Paraje d’Ontinyent produciría un impacto ambiental considerablemente negativo y muy significativo. Además la ejecución de este proyecto no sería compatible con los objetivos actuales de protección del paisaje. De esta forma, la ejecución de esta infraestructura, estaría en contradicción con la normativa establecida en el Plan Especial del PNP (Paraje Natural Municipal).

Aún así el proyecto, haciendo gala de una tradición bien arraigada en estas tierras, fue catalogado de “interés general” y la instalación de la línea adjudicada a la empresa solicitante: la multinacional española Iberdrola. Una vez otorgado el distintivo de calidad “Made in Valencia” por la Conselleria, sólo era cuestión de tiempo que empezaran las expropiaciones. Bromas aparte, estas son algunas respuestas de Iberdrola a las alegaciones anteriormente expuestas:

Que la línea cumple el objetivo de garantizar la alimentación de la zona comprendida entre Alcoy, Ontinyent y Villena que se alimenta de la SJ Jijona mediante un doble circuito de 132 kV, que origina sobrecargas en la transformación de la misma y no garantiza el suministro en caso de fallo del mismo. […] Por otra parte, el hecho de que atraviese suelo no urbanizable de protección forestal no supone un impedimento para rechazar el trazado de la línea eléctrica a tenor de lo dispuesto en la ley 16/2003, de 17 de diciembre, de Medidas Fiscales, de Gestión Administrativa y Financiera y de Organización de la Generalitat, siendo la finalidad de esta instalación reforzar el sistema de 132 kV en la zona, de forma que las subestaciones estén alimentadas por dos LATs diferentes y así, si una falla, a través de la otra se pueda mantener el suministro, sin que sea cierto que con la actual línea Benejama-Onteniente, se tenga fiabilizado el suministro eléctrico. Por último, que el artículo 52 de la ley de sector eléctrico declara de utilidad pública las instalaciones eléctricas de generación, transporte y distribución de energía eléctrica a los efectos de expropiación forzosa de los bienes y derechos necesarios para su establecimiento y de la imposición y ejercicio de la servidumbre de paso.
[…] Por otra parte, el soterramiento de la línea por suelo no urbanizable, se debe más bien a criterios estéticos, en cualquier caso subjetivos, más que a impactos ecológicos, pues la solución constructiva de LATs soterradas comprende la realización de una zanja hormigonada de una anchura aproximada de 1,5 m, a una profundidad de 2 m, y cámaras de empalme cada 800 m, lo que supone un impacto ecológico mayor, además de realizarse en zonas de monte con grandes movimientos de tierra y graves problemas de erosión, así como la prohibición de plantar árboles y arbustos en una franja no inferior a 2 m a cada lado del eje de canalización y la construcción de edificios e instalaciones industriales [2].

Sin ser el interés de este texto entrar a discutir lo arriba expuesto, es necesario aclarar que Iberdrola todavía no ha presentado documento alguno en el que se detalle o se reflejen las sobrecargas en las subestaciones que abastecen de electricidad a esta comarca, ni tampoco un aumento significativo del consumo que requiera de un mayor suministro para la zona. Por el contrario, la situación económica actual sugiere un descenso de dicho consumo debido principalmente al cierre de empresas y a la deslocalización productiva, unido a la crisis sectorial que arrastra el sector textil desde principios de los años noventa.

4. “¡Uy… Vaya lío, los amigos de mis amigas son mis amigos!”

Con el bene placitus de la Conselleria, el 24 de febrero se iniciaron las expropiaciones en los ayuntamientos correspondientes, para sorpresa de los afectados, ya que muchos hasta el momento no habían recibido ninguna comunicación oficial sobre la instalación de esta línea. Por otro lado, algunos conocedores del asunto se negaron a firmar la cesión de los terrenos de su propiedad. Como paradigma de la cuestión citaremos los 50 euros con los que Iberdrola recompensó el robo de 50 m4 a uno de estos vecinos. Pero, ¿qué es Iberdrola?

Iberdrola es una de las multinacionales españolas más relevantes del panorama europeo. Con sede en Bilbao, cuenta con una plantilla de más de 37.000 empleados y unos servicios que abastecen de electricidad y gas natural a unos treinta millones de personas en más de cuarenta países. La empresa nació en 1992 fruto de la fusión entre Hidroeléctrica Española (Hidrola) e Iberduero. Entre 2006 y 2011, tras adquirir las compañías Americana Energy East, Scothis Power y Elektro, pasó a posicionarse como la tercera empresa energética de Europa, la primera de España y líder mundial en el sector eólico. En la actualidad se publicita como una entidad respetuosa con el medio ambiente en todos sus proyectos, aunque la realidad es bien distinta, ya que es propietaria de varias centrales nucleares (Cofrentes, Garoña, Vandellós II y Ascó II) y tan solo un 7% de su producción proviene de las mal llamadas energías renovables. En cuanto a centrales térmicas es propietaria de Escombreras, Santurce, Castelló, Aceca, Vililla, Pasajes, etc. Y hasta hace apenas un año, antes de ser absorbida por su matriz, disponía de una filial –entre otras Iberdrola Ingeniería, Iberdrola Inmobiliaria, etc.– con el nombre Iberdrola Renovables. Esta delegación “verde”, con sede en Valencia, era la encargada de desarrollar proyectos de instalación y gestión de centrales eólicas e hidráulicas, mayoritariamente en América Latina. Entre sus accionistas más destacados se encuentran la constructora ACS (19%), la fundación Qatar (6%), el BBK (7%) y el Banco Financiero y de Ahorros, o lo que es lo mismo, Bancaja & Bankia, con cerca de un 5% del total.

La relación entre política y finanzas ha deslucido en poco tiempo la pocilga política. Los medios de formación de masas dan a conocer casi a diario nuevos casos de prevaricación, blanqueo de capitales, tráfico de influencias, trajes, favores, etc. que atestan las portadas de periódicos y revistas. Un ejemplo de esta lógica de puertas giratorias entre el sector público y el privado lo encontramos en José Luis Olivas, Presidente de la Generalitat Valenciana entre 2002 y 2003 y actual consejero de Iberdrola, aunque mucho más conocido como “el Presidente de la ruina”, por su nefasta gestión del Banco de Valencia, Bankia, BFA, Bancaja, etc. [3] Otro personaje de la misma calaña es el recién nombrado Honoris Causa Don José Ignacio Sánchez Galán, que ocupa el puesto de Presidente y Consejero delegado de la compañía en 2005, con un sueldo de más de doce millones de euros y más de seis primas por objetivos cumplidos; cabe mencionar que ya destacó en su día, entre otras labores, por haber presidido el consorcio Aeroespacial Europeo en Alemania (Eurojet).

En 1901 un grupo de empresarios liderado por el ingeniero Juan de Urrutia fundó Hidroeléctrica Ibérica –seis años más tarde Hidroeléctrica Española–, que comenzó sus quehaceres abasteciendo de electricidad a las ciudades de Madrid y Valencia, por lo que se puede afirmar que el territorio valenciano constituye uno de los feudos históricos de Iberdrola en la península. En estos momentos, más de un siglo después, cuando las arcas estatales y municipales no están ni mucho menos para tirar cohetes, nos encontramos con numerosos ayuntamientos y administraciones públicas que adeudan importantes sumas al sector eléctrico. Por citar solo dos ejemplos, encontramos por un lado la ciudad de Valencia, que contrae una deuda superior a los doce millones de euros y a la que Iberdrola ha amenazado en varias ocasiones con cortes de luz, y por otro al Ayuntamiento de Albaida, que debe aproximadamente 55.000 euros. Enfocado desde esta perspectiva, no es de extrañar que el pasivo acumulado otorgue a esta compañía una posición de privilegio a la hora de impulsar proyectos que no acaban de adaptarse a las directrices y criterios expresados por la Conselleria, tanto en materia paisajística y medioambiental, como de infraestructuras.

5. La oposición de la Plataforma al desarrollo de las obras

El 13 de junio de 2011 se realizaron las primeras perforaciones para los apoyos nº 5 y nº 6 en el suelo de Albaida. La escasa maquinaria y personal movilizados por la subcontrata Conerva S.L., la encargada de realizar las obras, y la dureza del terreno autóctono (piedra de Atzeneta), hicieron presagiar que las tareas de instalación de la LAT se alargarían algo más de lo esperado. A ello hubo que sumar, para desgracia de la empresa, largas jornadas perdidas debido a la concurrencia, al menos dos veces por semana, de un grupo de saboteadores aficionados a los juegos de naipes (truc) que convirtieron las obras en el blanco de sus prácticas. Estos, junto a lo que se podría catalogar como una comparsa de playeros desorientados, ataviados con bermudas, chancletas, gafas de sol, cremita, sombrilla y nevera, ocasionaron tremendos dolores de cabeza tanto a currantes como a los que allí se personaron haciendo gala de pertenecer a la Benemérita.

Pasadas unas semanas, la presencia de maquinaria se incrementó notablemente con la incorporación de la empresa local Castelló Llodosa S.L., lo que aceleró el ritmo de las perforaciones a unos doce agujeros por semana, es decir, a tres apoyos. Esta circunstancia, ligada al aumento de la presencia policial, la contratación de seguratas y el desgaste ocasionado por la celeridad en la marcha de las acciones y convocatorias de la Plataforma, hicieron mella en los opositores y decantó la balanza a favor de las subcontratas constructoras.

Durante los meses de julio y agosto, el boicot a las obras sucedió con menos regularidad y menos cachondeo, aún así los trabajos se pararon en varias ocasiones debido principalmente –pero no sólo– a la alerta 3 en el nivel de preemergencias por riesgo de incendios. Las constantes identificaciones y amenazas, la diferencia en horarios y disponibilidad del personal y las discrepancias frente a determinadas acciones y al trato hacia los trabajadores hicieron que el número de asistentes a estas convocatorias se estancara y, con el paso de las semanas, provocó una división en dos grupos: los que acudían a las obras y no a las asambleas y viceversa. Huelga decir que también hubo quien acudió a ambas.

La situación de inmovilidad arrastró a la Plataforma a apostar por acciones más “simpáticas”, que acercasen a más gente a pie de obra para hacerla partícipe de la realidad y los hechos que allí ocurrían. Estas actividades fueron plantación de árboles, caceroladas, almuerzos, excursiones de protesta a las perforaciones sin traspasar el cordón de seguridad o acompañados por la televisión comarcal, excursiones nocturnas e inspecciones de supervisión del cumplimiento de las normativas en materia de seguridad y trabajos forestales, etc. Conviene remarcar que aunque los grupos de opositores que hasta entonces participaron en el boicot a las obras siempre fueron muy heterogéneos, la mayor parte eran jóvenes. Con este nuevo tipo de acciones las convocatorias se enriquecieron por la confluencia de padres, madres, niños, abuelos, etc., pero siempre a condición de rebajar el listón a la altura de la legalidad y renunciar a una oposición que de verdad se opusiera. Con esto no queremos decir que estas acciones sean incompatibles, e incluso de vital importancia, a la hora de contribuir a que se sume más gente a la lucha –son, sin duda, aspectos fundamentales, sin los cuales resulta difícil pensar que puedan pararse proyectos de infraestructuras–, pero a nuestro juicio, creemos que deben plantearse como parte de un proceso más ambicioso y no ser un fin en sí mismas, como suele ocurrir.

Por otra parte, desde hacía varias semanas el eje de la lucha se había decantado de las obras a la preparación de una manifestación para el 2 de julio, que finalmente contó con más de ochocientos asistentes, todo un éxito para lo que es la zona. El trabajo previo a esta convocatoria fue todo un ejemplo de cómo las cosas se pueden hacer bien: se montaron mesas informativas los días de mercado, se colgaron pancartas y circularon multitud de folletos, carteles, noticias, etc. que lograron, al menos por espacio de un mes, poner la cuestión de la Alta Tensión y la energía en boca de todos los paisanos y paisanas. Incluso algunos llegaron a pensar que se podría parar la instalación. Fruto del entusiasmo motivado por la manifestación y el aumento de la oposición tras las últimas convocatorias, tuvieron lugar momentos de especial significación, compañerismo y belleza, como la cena pasada por agua en la población del Aljorf, en la que a pesar de la lluvia se dieron cita más de doscientas personas; a más de un escéptico se nos erizó la piel. Estas y otras actividades, lograron estrechar lazos entre los opositores y desmontar a golpe de cassalla ese mito que se empeña en separar la vida política de lo social y particular. Festa si i lluita també!

Regresando de nuevo a las obras, el 20 de julio varios efectivos de la Brigada Antidelincuencia de la Guardia Civil detuvieron a tres miembros de la Plataforma acusados de un delito de daños valorado en unos cuantos miles de euros. Debido a las detenciones y a la proximidad de las vacaciones de verano, las visitas a las obras cayeron en picado, produciéndose de media una cada dos semanas. El aumento de la represión generó a su vez un aumento de la previsión de nuestro lado (puntos de vigilancia, responsables de teléfonos, acuerdo por unanimidad del tipo de acción a desarrollar, etc.), lo que nos permitió salir indemnes de casi todas las excursiones a unas obras ya de por sí bastante avanzadas. El número de participantes en estas excursiones siempre fue más o menos el mismo, con alguna grata excepción. Por el contrario, el resto de frentes seguía in crescendo, como demostraban las pancartas gigantes instaladas a lo largo y ancho de Ontinyent, la unificación con los ayuntamientos de los diferentes recursos judiciales, las marchas nocturnas, debates, charlas, conciertos, pegatas y las cerca de setecientas camisetas y demás merchandising del que se valió la Plataforma para autofinanciarse.

En el ajetreo de esos meses ocurrieron al menos otros dos hechos que merecen ser señalados. El primero fue ser testigos, por medio del ayuntamiento de Agullent, de un acuerdo firmado entre la Conselleria de Medio Ambiente y la empresa Moixent Forestal S.L.L., que autoriza a esta segunda a limpiar el terreno y extraer los árboles calcinados en el incendio de septiembre de 2010, con el fin de enviarlos a una central de biomasa –se sospecha propiedad de Iberdrola– para su transformación en energía eléctrica. Como era de esperar, este acuerdo se tradujo en un expolio con mayúsculas de árboles tanto quemados como vivos efectuado con maquinaria pesada sobre un terreno de extrema sensibilidad, lo que reduce, si no impide, la posibilidad de que rebrote la vegetación en la zona y favorece el riesgo de erosión y deslizamiento de tierras por lluvias. Frente a esto, la Plataforma también convocó movilizaciones. El segundo hecho remarcable se refiere al sabotaje, ofrenda de algún justiciero o justicieros, de la totalidad de las máquinas durante la segunda quincena de agosto, que contribuyó, por un lado, a ganar una semana de tiempo de cara a una posible paralización cautelar de las obras por parte del Tribunal Superior de Justicia –cosa que nunca llegó a producirse– y, por otro, al despido, renovación y aumento de la plantilla de seguridad privada encargada del control y cuidado de la maquinaria.

Para rematar este apartado, en el que hemos intentado esbozar lo que fue el desarrollo de las obras y su oposición física, es necesario aclarar que desde junio hasta finales del verano hubo un exceso de activismo y sobreesfuerzo por parte de los más asiduos a las reuniones y convocatorias de la Plataforma. Excepto en algunos momentos, estas reuniones contaron con una asistencia bastante reducida, por lo general todos militantes de otros colectivos y organizaciones, que cargaron con el grueso de las tareas. El éxito de participación en las convocatorias llevó a más de uno a creer que era posible tumbar el proyecto, siempre y cuando continuaran las movilizaciones y se descubriese cómo –y se consiguiese– hacer partícipe a una parte importante de la población, así que no importaba sacrificarse por un tiempo. Tampoco se supo diferenciar entre quienes mostraban una postura de simple rechazo o disconformidad y los realmente dispuestos a implicarse y llevar su rechazo a la práctica. Por lo tanto, se hizo una mala lectura de fuerzas y la sobrecarga terminó pasando factura.

6. Ilusiones (in)sostenibles

Desde el inicio de la oposición, sobre todo en su recta final, algunas organizaciones de corte político y/o medioambiental intentaron fagocitar el “cuerpo social” de la Plataforma, ya fuera con la intención de rascar algún voto o, aún peor, inocular su discurso ideológico sobre una supuesta superación del agotamiento de los combustibles fósiles mediante la sustitución de las energías “sucias” por las redentoras energías “renovables”. O al menos esa fue nuestra impresión tras asistir a varias charlas y talleres de Tanquem Cofrents y Ecologistas en Acción.
Un caso a parte, aún siendo partícipes del relato sesgado de la “transición energética”, fue el de la cooperativa Som Energia, que se presentó a principios de noviembre en Ontinyent a petición de una comisión de la Plataforma. Ahí se generó uno de los debates más interesantes.

Som Energia es una iniciativa asamblearia que comercializa electricidad y garantiza que sus kilovatios-hora proceden de una o varias empresas productoras adecuadas a los criterios ecológicos aceptados por la mayoría de sus socios, teniendo en cuenta la proximidad al lugar de consumo, etc. Aunque es imposible asegurar la procedencia de la energía recibida, ya que toda circula por la misma línea indistintamente de dónde venga, este proyecto defiende que de extenderse su ejemplo la demanda de energías contaminantes disminuiría debido a un incremento en la contratación de renovables, afirmación que nos parece más que dudosa. Claro que la finalidad de Som Energia no es únicamente abastecer de electricidad sino también promover una reducción en el consumo energético y, en la medida de lo posible, impulsar sus propios medios y herramientas de producción para el abastecimiento de sus beneficiarios, contribuyendo así a la descentralización energética: placas solares en los tejados, pequeños parques eólicos…

Si bien celebramos la horizontalidad y la transparencia de esta iniciativa dentro de la opacidad relativa a la toma de decisiones en la sociedad de hoy, la primera cuestión que salta al tatami es el hecho de que los núcleos de producción de los que se obtiene energía “limpia” lamentablemente también requieren del uso de las líneas de alta tensión, tanto para su distribución hasta las estaciones transformadoras como más tarde, mediante más líneas y autopistas eléctricas, hasta su distribución hacia los centros de consumo. Por otro lado, suponiendo que proyectos como este se consolidasen, y teniendo en cuenta que es muy poco probable que algún día llegue a alcanzarse un equilibrio entre la demanda y la cantidad de energía autoproducida, el escenario resultante se inclinaría claramente hacia los intereses del enorme lobby energético español –ávido de negocios “verdes”, diga lo que diga la propaganda progre–, lo que a su vez redundaría en la proliferación de “parques” eólicos y “granjas” solares a gran escala, si es que esto no ocurre ya. No hemos perder de vista que la administración del desastre, ecológico y financiero, se ha convertido en un negocio muy rentable tanto para espíritus emprendedores como para aquellas corporaciones que lo han generado y ahora dicen dedicarse a paliar sus efectos.

Por lo general, iniciativas bienintencionadas de este tipo (consumo “responsable”, banca “ética”, agricultura ecológica…) chocan de inmediato con unas limitaciones muy claras. Sus defensores aseguran que abren una puerta a un mayor grado de autonomía, pero en el mejor de los casos apenas logran recomponer algunos lazos comunitarios –lo que no es poco, sobre todo en un momento en el que se encuentran muy deteriorados por la desposesión generalizada y el frenético ritmo de vida– sin embargo, distan mucho de representar una alternativa real y, aún menos, una salida al capitalismo. Proponer sustituir unas energías por otras sin ni siquiera preguntarse antes para qué se van a utilizar o qué régimen de producción y consumo permiten, es de ilusos. Quede claro que como elección individual siempre será mejor afiliarse a Som Energia que ser cómplice de una gran multinacional como Iberdrola, aunque salga un poco más caro, pero desde luego sería mucho más efectivo pinchar la luz de casa o autoabastecerse mediante placas solares sin volcar la energía a la red, aunque sea ilegal, y haciendo siempre un uso consciente de la electricidad.

La puesta en práctica de la llamada transición energética, al menos de las propuestas de las que tenemos noticia, se convertiría en poco tiempo en una exhaustiva, rigurosa y represiva legislación dirigida al consumo, la producción y el medio que muy probablemente incrementaría el precio de las energías y los carburantes. Es decir, nos conduciría más bien a un determinismo basado en la crisis energética y sus peligros, alarmantemente restrictivos [4], en lugar de a un cambio de conciencia (convivencialidad, simplicidad voluntaria…) que junto a un cuestionamiento de la totalidad de las relaciones de dominación (trabajo asalariado, propiedad, moneda, mercado…) nos condujese a una forma de vida más libre y respetuosa con el medio y nuestros semejantes. En definitiva, nos propone una “transacción” donde algo cambia para que, sustancialmente, no cambie nada.

La debilidad de estos discursos, partidarios de “más democracia” –parlamentaria, que no directa–, acríticos con la función pasada, presente y futura de los Estados-nación, etc., es que el debate realmente importante queda fuera del orden del día. Podemos elegir –nos dicen– el tipo de producción que queremos pero a condición –lo que no nos dicen, o no contemplan– de seguir lubricando y estimulando la maquinaria capitalista, generando y regenerando siempre los mismos esquemas. No son capaces de desatender el canto de sirenas del pensamiento dominante (depredador, partidario del crecimiento ilimitado, del expansionismo industrial y urbano…), de huir, de desear desde afuera. Una posición muy distinta es la del posdesarrollo o antidesarrollista, en la que la negativa a decantarse por una versión u otra del mismo problema, del mismo chantaje, se traduce en una oposición a cuanto implican y representan las grandes infraestructuras energéticas. Es una perspectiva que choca frontalmente con los parámetros del mercado, el poder y la autoridad, ya que antepone unos valores no económicos (las personas, la salud, el conocimiento, los pueblos, las montañas…) a los intereses de circulación y reinversión del capital.

Ya cerrando este apartado, vemos adecuado destacar unas palabras impresas negro sobre blanco ya hace algunos años:

cuando un producto excede cierto límite en el consumo de energía por cabeza, ejerce un monopolio radical sobre la satisfacción de una necesidad. Este monopolio se instituye cuando la sociedad se adapta a los fines de aquellos que consumen el total mayor de quanta de energía, y se arraiga irreversiblemente cuando se empieza a imponer a todos la obligación de consumir el quantum mínimo sin el cual la máquina no puede funcionar. El monopolio radical ejercido por una industria sobre toda una sociedad no es efecto de la escasez de bienes reservados a una minoría de clientes; es más bien la capacidad que tiene esta industria de convertir a todos en usuarios [5].

7. Resistir no es vencer

La oposición de la Plataforma se desarrolló en dos frentes, de forma totalmente involuntaria puesto que se hacía lo que se podía y no existía una estrategia bien definida. En el primero, se situaría el boicot al desarrollo de las obras mediante la desobediencia y la acción directa; en el segundo, la batalla de las ideas, la política, los tribunales, etc., que trataba de desenmascarar los entresijos del capitalismo avanzado y que, en cierto modo, vino a justificar las acciones del primero.

En los debates surgidos al calor de la lucha contra la Alta Tensión contemplamos, entre otros asuntos, que alternativas razonables como el municipalismo o la autogestión energética chocarían tarde o temprano con la incapacidad de juzgar unos hipotéticos medios de producción con independencia del sistema técnico que los hace posibles (universidades, I+D+i, fábricas, extracción de minerales, autovías, alta velocidad…), además del antagonismo existente entre unos intereses que aspiran a la descentralización y los del ente estatal, centralista por antonomasia.

En la Plataforma confluyeron diversidad de opiniones, muchas veces contrapuestas, que abrieron un proceso de debates muy fructífero, tanto de puertas adentro como afuera. Fueron muchas las controversias en torno a la cuestión energética y los modos de ejercer la oposición. Esta exuberancia permitió que quienes participamos en la lucha avanzásemos y nos formáramos colectivamente, junto a otros, madurando unos argumentos y postulados que poco a poco fueron plasmándose en las convocatorias, acciones y modos de entender e interpretar: de los primeros reproches que alegaban airadamente que a fin de cuentas todos queremos utilizar la lavadora, la secadora, la tele y el aire acondicionado a su posterior esclarecimiento, tras descubrir que el consumo energético doméstico no alcanza ni el 10% del total producido; de la indagación en la creación de las necesidades, el fetichismo de la mercancía, a la problematización de la producción en masa; del monopolio energético de Iberdrola y otras empresas a la crítica constructiva de las tesis decrecentistas, las falsas energías renovables y la transición energética; de la necedad e injusticia que esconde el consumo desaforado de energía a la imposibilidad de juzgar aisladamente cualquier artefacto del sistema técnico que lo posibilita; de la oposición a la Línea Ontinyent-Juan Urrutia-Alcoy al cuestionamiento del modo de vida bajo el régimen capitalista. Efectivamente todo un proceso que si bien no se dio en todos y todas con la misma intensidad, ni llegamos a las mismas conclusiones y aspiraciones, al menos sí se materializó en una parte importante de los opositores.

Pero no todo fueron días soleados y alegría en esta historia. En la recta final de la Plataforma, de mediados de diciembre a febrero de 2012, el aire viciado que adelanta la derrota ya se dejaba sentir. Las reuniones eran cada vez más espaciadas en el tiempo, cada vez acudían menos personas y las que lo hacían no llegaban tan motivadas como para remontar tan perjudicada hazaña. Aún así, durante el último mes y medio continuaron celebrándose actos que respondían a iniciativas personales o de pequeños grupos, como por ejemplo un concierto solidario con los encausados por las acciones de desobediencia o la ayuda prestada a los afectados por la inminente instalación de una LAT en las localidades de Beneixama y Banyeres de Mariola, procedente de un campo solar.

El 14 de febrero, en el mismo lugar donde nació la Plataforma, se decidió enterrar el hacha de guerra ante la imposibilidad de reanimar aquello que, a pesar de los muchos logros, terminó desinflándose por bisoñez, abandono y desencanto.

8. “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”

A la lectura de los hechos que hemos venido defendiendo le sumamos a continuación una relación de las trabas y tropiezos con los que se encontró la Plataforma, a los que enfrentamos también una serie de propuestas.

Anticipación a los proyectos:

Uno de los problemas más frecuentes al que suelen enfrentarse las asambleas, colectivos, asociaciones y plataformas es el oscurantismo que envuelve la planificación de nuevas infraestructuras. En el caso que nos ocupa, aunque el proyecto llevaba ya algunos años cocinándose, no fue hasta siete meses antes del inicio de las obras que alguien tuvo noticia, lo cual condicionó gran parte del proceso de oposición, imponiendo en ocasiones unos ritmos que anulaban la capacidad de reflexión.

Para evitar en lo posible estas situaciones los opositores deberían dotarse de mecanismos capaces de romper el secretismo que envuelve a la planificación territorial. En este sentido, sería interesante la celebración de un taller colectivo donde quienes estén familiarizados con los cauces habituales para conseguir esta información (DIA, EIA, Informes de Servicio forestal, mapas, relación de afectados…) pongan en común sus conocimientos, en especial los plazos para conseguirla y los lugares donde acudir. Presentar alegaciones a los proyectos y recurrir la documentación oportuna puede alargar el proceso de licitación y aprobación, con lo que se obtendría un tiempo más que valioso para cimentar una posible oposición.

También sería recomendable consultar con asiduidad las webs oficiales (DOCV, BOE, Ministerio de Infraestructuras…) donde suelen aparecen noticias relacionadas con la petición de permisos, aprobación de proyectos, así como las hojas de ruta del itinerario desarrollista estatal y autonómico (Estrategias Territoriales, Planes de Infraestructuras, etc.).

Algo muy útil para empezar a tirar del hilo y dotarse de argumentos es la creación de grupos de trabajo que saquen a la luz estos proyectos y denuncien las relaciones existentes entre las empresas adjudicatarias y la clase política.

El miedo a la represión:

Por represión entendemos los actos o el conjunto de actos dirigidos desde desde el poder para contener, detener y castigar violentamente actuaciones socio-políticas que cuestionan o atacan sus intereses. Es una constante que afecta a las luchas y supone un problema que en demasiadas ocasiones hace retroceder a la gente por el miedo que comportan las detenciones, denuncias y agresiones. Por lo tanto, debería ser un punto a tener en cuenta ya desde un inicio.

Para tratar de hacer frente a estos aspectos pueden compartirse materiales didácticos y de autodefensa, realizar charlas, talleres, establecer contacto o compartir abogados, conocimientos, experiencias pasadas, etc. Sería aconsejable también hacer un uso táctico de las acciones de desobediencia y sabotaje aprovechando los momentos donde la coyuntura sea favorable y exista un cierto respaldo social. Así mismo, deberían acordarse límites en las acciones públicas y legalizarlas o no en función de sus repercusiones o de lo que cada grupo de afinidad sea capaz de asumir. Finalmente, es imprescindible dotarse de cajas de resistencia para cubrir posibles gastos judiciales, pagar fianzas, etc. Estas y otras medidas deberían contribuir a potenciar el sentimiento de grupo y a combatir los miedos, con su puesta en común, el dialogo y la solidaridad.

En lo referente a la Plataforma, el miedo a la represión fue una constante silenciosa que, sin embargo, se dejó oír con fuerza tras las detenciones. Si alguien podía evitar subir a las obras con la excusa del trabajo, los compromisos familiares o los estudios ¡pues eso que se ahorraba! Paralelamente, como hemos señalado antes, al tiempo que se incrementó el control y la represión por parte de la Guardia Civil, seguratas, chivatos y demás, se incrementó también la previsión de nuestro lado. Sobre todo fue el conocimiento del terreno lo que nos permitió salir airosos en más de una ocasión.

Algo que también se vio necesario acordar es que alguien de confianza intentase grabar las excursiones, así los picoletos se cohibían un poco y más o menos guardaban las formas.

En otro orden de cosas, vimos que es muy necesario impulsar el debate, tanto dentro como fuera de los grupos, sobre lo legal/ilegal y lo legítimo.

Por último, nos referimos a Internet… Gracias a la extensión de la informática, casi sin esfuerzo, el aparato represor consigue disponer de una excelente base de datos, con el perfil de cada uno de nosotros, nuestras relaciones, gustos, amistades y prácticas. Por lo tanto, deberíamos evitar en lo posible facilitar información que más tarde pueda comprometernos, como fotos o vídeos marroneros, fechas de próximas convocatorias o la narración en primera persona sobre lo ocurrido en Facebook, Twitter, blogs y demás. Por supuesto, de no existir otra alternativa o no poder disfrutar del cara a cara por alguna razón, siempre deben utilizarse correos seguros, seudónimos, etc.

Medios de comunicación y difusión:

A pesar del “uso responsable” que hizo la Plataforma de los medios de comunicación locales, sólo cuando el asunto lo requería y con pleno conocimiento de sus limitaciones, el trabajo de difusión no logró trascender el ámbito comarcal. Y a pesar de las muchas charlas, mesas informativas, paneles, jornadas, carteles, un blog y varios vídeos realizados y colgados en la Red, la noticia de la oposición a la Alta Tensión quedó resumida en las poblaciones vecinas a tres pequeños artículos publicados en prensa, una entrevista en una radio libre de Alcoi y el boca oreja. De esto deducimos que es importante potenciar otras vías de comunicación, independientes, que permitan narrar los sucesos desde las luchas y sin la mediación de intereses ajenos. Hemos de tener en cuenta que en toda la Comunitat Valenciana apenas existen medios consolidados de esta clase. En los medios alternativos, al contrario que en los medios de desinformación, pueden expresarse las motivaciones, problemas y observaciones de los opositores sin morderse la lengua, al menos idealmente. Debemos tomar conciencia de la importancia de ofrecer un punto de vista autónomo a partir de medios que tenemos a nuestro alcance (radios libres, Internet, periódicos, textos, publicaciones, buzoneo…), siempre que no se convierta el medio en el mensaje, como hacen legión de ciberactivistas.

Dinámicas de grupo:

Siempre que se considere necesario hay que insistir en la mejora del funcionamiento de las asambleas a las que acuden un gran número de personas. Por lo general, se cuenta con fuerzas muy limitadas y se le debería sacar el máximo partido al potencial allí reunido. En el caso de la Plataforma, a causa de la inexperiencia en este tipo de reuniones, numerosas y heterogéneas, se desperdiciaron varias oportunidades de que más vecinos se sumasen a la lucha.

Deberíamos asistir a las asambleas bajo un acuerdo de mínimos previo y con el propósito organizar tareas, con objetivos claros, no para sentarnos a ver qué pasa o aguantar los monólogos del iluminado o iluminada de turno.

Argumentos tecnicistas y ciudadanistas:

Los estudios de soterramiento, riesgos, impacto ambiental, afecciones a la salud, fauna, etc., resultan favorables o desfavorables en función del “experto” que realice el trabajo y de la mano que le dé de comer. Aunque existen honrosas excepciones, conviene andarse con ojo si confiamos el grueso de nuestro discurso a argumentos científico-técnicos que más que aclarar confunden. Frente a esto, la postura más apropiada pasa por privilegiar el sentido común, la formación crítica, el debate colectivo y la confrontación de ideas.

La justicia, el orden y la ley:

Confiar en que las injusticias las resuelva el sistema judicial, que como parte del Estado/Capital es responsable y promotor de nuestra “democrática” falta de libertad, no solo es de una ingenuidad pasmosa sino que también nos arrastra de facto al aislamiento, la impotencia y la resignación; la vida privada nos priva precisamente de eso, de vida. Por lo cual hemos de confiar más en nosotros mismos, nuestros amigos, cómplices y compañeros de correrías –eligiéndolos con tacto– y nada en la supuesta honradez de jueces, abogados, policías y demás burócratas de lo existente.

Todo el poder para las asambleas:

La forma organizativa a adoptar es de vital importancia, pues es el eje sobre el cual se articulará un tipo de movilización u otro. En nuestros parajes abunda el patrón plataformista, con el que no podemos estar de acuerdo. ¿Por qué?

Las plataformas suelen estar compuestas por representantes de varias organizaciones (culturetas, ambientalistas, partidos de la oposición…) y, si se tercia, algunas personas a título individual, que suelen ser las más honestas, sin terceras intenciones y preocupadas de verdad por la gravedad del asunto que les afecte.

Por lo general, los plataformistas más convencidos restringen su actuación a tres puntos básicos, que constituyen el grueso de lo que entienden por una lucha épica:

–En primer lugar, redactan un manifiesto de denuncia de los pormenores del proyecto X en relación a su ubicación, las repercusiones en el medio y sus implicaciones políticas. Hasta aquí todo correcto, el problema es que suele tratarse de un batiburrillo descafeinado de posiciones enfrentadas entre sí combinadas con clichés y divagaciones rocambolescas, desde la apuesta incondicional por el “desarrollo sostenible” hasta frases comodín como “defendamos la madre tierra”, “todos somos responsables de nuestra situación”, etc. Huelga decir que lo más importante no es el discurso o la voluntad de impedir la destrucción de un espacio, sino que aparezca el logotipo de las organizaciones implicadas en los carteles y que se señale al partido en el gobierno de turno como principal responsable. A veces incluso llegan a plantearse propuestas alternativas que proporcionan un bonito happy ending a empresas promotoras y afectados.

–En segundo lugar, realizan alegaciones, recogidas de firmas y ruedas de prensa anunciando su entrega al órgano competente o la interposición de enmiendas y recursos particulares contra el proyecto.

–En tercer y último lugar, convocan un encuentro de aniversario con batucada, malabares y talleres infantiles para poner fin con una bonita guinda festiva a una oposición de pastel.

Quien tenga más sangre que horchata en las venas y quiera ir más allá en sus presupuestos y prácticas, aportando un poco de sensatez al conjunto, será catalogado de agitador radical e intolerante. Al parecer, abordar de raíz cualquier tema resulta contraproducente para esta forma colaboracionista de organización. Tanto las valoraciones particulares como cualquier actividad que pudiera provocar “mal rollo” debe ser erradicada de inmediato… Y así ad vitam aeternam.

Desde la Plataforma –que se denominase así se debió a circunstancias que se explican al principio del texto–, se acabó apostando por la asamblea. Cada cual acudía a título individual, sin representar a nadie más que a sí mismo, como parte de una población afectada. Esto es una cuestión de primer orden, indispensable si lo que queremos es salvar nuestros territorios, nuestros espacios de convivencia, de las garras del mercado. Por supuesto abre un camino incierto, muchas veces difícil, contradictorio incluso, que requiere de la constancia e implicación de cuantas más personas mejor. La asamblea es un medio para llegar a un fin, nada más y nada menos. No es perfecta y sus resultados dependerán más del apasionamiento y la astucia de quienes la componen que de sus limitaciones. Si algo hemos de tener claro es que es en el proceso de lucha donde más se aprende, donde la experiencia es capaz de crear conciencia.

Por otro lado, debemos señalar que es estúpido asegurar que la asamblea coarta de por sí la actividad de los individuos o grupos de afinidad dados a prácticas, por así decirlo, más nocturnas. La asamblea y el sabotaje son sólo diferentes momentos y estrategias de lucha que, sin embargo, deberían estar atentas entre sí si quieren es resultar eficaces. La divinizada “espontaneidad” a la que claman ciertos rebeldes sociales necesita, se quiera o no, de una trama en la que desatarse. La diferencia estriba entre el desahogo –legítimo– y la revuelta –inexcusable–.

Reflexión, debate y autocrítica:

Esto último es el mejor repelente frente al activismo desnortado, el hacer por hacer, la falta de estrategia, los recuperadores y un largo etcétera. Es necesario tensar el debate más allá de los parámetros ciudadanistas, examinando el presente para afrontar el futuro, llamando a las cosas por su nombre, apostando por nuevas formas de relacionarnos, mediadas y basadas en una ética común, consolidando unos argumentos sólidos y capaces de combatir la sinrazón de la sociedad industrial, con diplomacia y tacto, rechazando la soberbia al exponer nuestros planteamientos. Eso sí, con determinación y valor, sin huir a la primera de cambio de las dificultades y siguiendo la máxima: “El más elevado tipo de hombre [y de mujer] es el que obra antes de hablar y practica lo que profesa”.

Algunos opositores (No i punt)

Notas

1. http://crematsensefils.blogspot.com.es/p/per-que-no-volem-aquesta-linia.html/

2. Resolución de 24 de mayo de 2010, de la Dirección General de Energía por la que se otorga autorización administrativa a Iberdrola Distribución Eléctrica, SAU, para la construcción de la línea.

3. Desde que se empezó a escribir este texto el consejo de administración representado por el BFA ha cambiado en varias ocasiones. Tras la dimisión de Francisco Pons, sustituto de José Luis Olivas –al que se le desposeyó de su cargo debido a la decisión de la entidad de cesar a los consejeros nombrados o ratificados bajo la presidencia de Rodrigo Rato en Bankia–, actualmente el puesto de consejero lo ocupa Manuel lagares. En el mes de abril también se incorporó a la compañía, tras abandonar el consejo de dirección del BFA, el exministro del interior Ángel Acebes.

4. Ver: “Interrogantes sobre el cenit del petróleo”, José Ardillo, Argelaga nº 1; y “Energías renovables y transición energética. Mensaje dirigido a los antifracking”, Guy Michel, Argelaga nº 2.

5. Energía y equidad, Ivan Illich, 1974.

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