Diez tesis sobre Chernóbil. Mensaje amistoso al Sexto congreso Internacional de Médicos por el impedimento de una guerra nuclear

La publicación de algún texto clásico, máxime si es inédito, difícil de encontrar o mal traducido, resulta siempre de interés. Después de la catástrofe de Fukushima la opción nuclear ante la crisis energética parece menos creíble, aunque los poderes que dirigen la sociedad hacia el desastre general no la han descartado en absoluto. Por el momento su rentabilidad dudosa es su mayor enemigo, pero todo depende de los desequilibrios del mercado del petróleo y del gas ante una demanda que no puedan colmar. Las tesis de Günther Anders señalan ese otro aspecto de la energía nuclear, el militar, al que se halla ligada la transformación totalitaria del poder, complemento político de la sociedad desarrollista avanzada.
Publicado en Argelaga 2.

¡Queridos contemporáneos de los tiempos del fin!

Pues eso es lo que somos: contemporáneos de los tiempos del fin, y es nuestro deber no convertirnos en contemporáneos del fin de los tiempos precisamente para poder seguir ocupándonos de aquellos. Esta serie de tesis es la tercera que propongo. El Frankfurter Allgemeine Zeitung aceptó publicar la primera en 1957; hoy no se comprometería en ese tipo de cosas. Dicté la segunda en 1959, tras mi regreso de Hiroshima, a los estudiantes de la Universidad Libre de Berlín, que la publicaron y difundieron. Concluí la primera serie de tesis con la frase «Hiroshima está en todas partes». Más tarde, tomé esta consigna como título de un libro. A mi parecer, hoy se han servido de ella con perfecto sentido de la oportunidad para hacer una nueva consigna: «Chernóbil está en todas partes.» Las dos primeras series eran de advertencia. Esperemos que la misma función se cumpla con la tercera. Me asaltan fuertes dudas y el corazón se me cierra en un puño al decirlo pues, entre tanto, el principio de aquello contra lo cual advertían las dos primeras series quizás haya comenzado. De cualquier modo debemos seguir poniendo a todos sobre aviso. [1]

Tesis 1.
Comienzo con algo perfectamente actual

El verdadero peligro consiste hoy en la invisibilidad del peligro. Nadie es capaz de ser consciente continuamente de esa invisibilidad. Un proyecto así parece sobrepasarnos psíquicamente. Si queremos sobrevivir, debemos de intentar comprender lo invisible como si lo tuviéramos delante, y educar al prójimo en dicha comprensión y en el miedo que implica. En ningún caso tenemos derecho a convencernos o convencer a los demás de que la indiferencia constituya una prueba de independencia. No perdáis la razón, no elijáis la indiferencia porque os resulte más fácil o porque el plato irradiado que os ofrezcan parezca a primera vista más sabroso.

Tesis 2.
Sobre el pánico

Nos han acusado de «sembrar el pánico» aquellos que consideraban actualmente válida la vieja consigna de Metternich [2]: «El primer deber del ciudadano es la calma». Sí, es verdad, sembramos el pánico, incluso hacemos de ello una profesión. Pues quien ve el peligro en el pánico y no en el peligro contra el cual tratamos de avisar a los que tienen miedo de tener miedo, desfigura la verdad y deliberadamente vuelve ciegos a sus semejantes.

Tesis 3
Burlarse del calificativo «emocional» demuestra frialdad y estupidez

Es evidente que reaccionamos de manera «emocional» frente a la catástrofe amenazadora y no nos avergonzamos. En cambio deberíamos avergonzarnos de reaccionar de otra manera. Quien no reacciona así y llama irracional a nuestra emoción, no revela únicamente su frialdad, sino también su estupidez.

Tesis 4
Distinguir entre un uso bélico y un uso pacífico de la energía nuclear es insensato y engañoso

Dado que sabemos que las centrales nucleares supuestamente pacíficas hace tiempo que con insistencia y constancia vienen amenazando, no sólo a los hombres o a la humanidad entera, no: también amenazan a toda la vida en la tierra. Su construcción y utilización son peores que el uso bélico de la energía atómica: participan en un proyecto «erostrático» [3]. Hoy, pasado Chernóbil, en la medida en que ya nadie puede aparentar ignorancia, sus defensores han cometido conscientemente un crimen. Éste no se llama solamente «genocidio» –¡menudo empleo del adverbio «solamente»!– sino «globocidio», destrucción del globo terráqueo. Los partidarios de la energía atómica y sobre todo también los de las fábricas de tratamiento de residuos y de los superreactores no son ni una pizca mejores que el presidente Truman cuando ordenó bombardear Hiroshima. Son incluso peores que él, pues hoy la gente sabe mucho más de lo que aquel bendito presidente podía saber en su día. Ellos saben lo que hacen; aquél no sabía lo que hacía. Que nosotros, los seres humanos, muramos bien a causa de un misil nuclear o bien de una central supuestamente pacífica, viene a ser exactamente lo mismo. Las dos cosas son igual de mortíferas. Matar es matar. Muerto quiere decir muerto. Quienes son partidarios del misil y quienes lo son de la central, quienes minimizan los efectos del uno y quienes minimizan los de la otra, tanto valen.

Tesis 5
La ayuda imposible

Desde hace mucho tiempo los médicos han llegado racionalmente a la conclusión de que todos los estudios consagrados a los auxilios médicos en caso de guerra atómica no son más que farsas y cortinas de humo, y que cualquier ayuda por parte de los médicos, y con mayor razón cualquier cura, sería imposible en caso de catástrofe. Tanto el auxilio como la curación serán imposibles porque ya no habrá enfermeros, ni pacientes por curar, ni medicamentos, ni hospitales, ni alimentos; en resumen, no habrá nada. La afirmación de nuestros adversarios reaccionarios según la cual, los médicos que están en contra de la guerra atómica, al concluir de ese modo, estarían faltando no sólo a su deber de ser humano sino a su deber de médico es a la vez ilógica, deshonesta e inhumana. Ya que en caso de necesidad no podremos ni ayudar ni salvar a la gente, en lugar de eso hemos de intentar salvar la existencia del mundo en su totalidad. Nos queda bastante más por hacer que todo lo que la Cruz Roja haya hecho hasta hoy: Hemos de procurar actuar de tal modo que tanto la Cruz Roja como los médicos castrenses se vuelvan superfluos.

Tesis 6
No somos «destructores de máquinas»

De aquél que nos acuse de «destructores de máquinas» y de «enemigos del progreso» –un líder sindical me ha gratificado con tales calificativos– hemos de burlarnos como si de un idiota se tratara. Los destructores de máquinas del siglo xix (los ludditas) se indignaron al ver que lo que ellos querían producir manualmente, cuerdas por ejemplo, lo producían máquinas.

Hoy prometemos bajo juramento que no tenemos ganas ni nos hace ninguna falta producir misiles manualmente. No nos oponemos al modo de producción sino a la existencia de los mismos productos. Sería estúpido hacernos el susodicho reproche. Pero cuando nos oponemos al modo de producción –por ejemplo, al modo de producción de electricidad de origen nuclear– no lo hacemos sólo porque sus productos sean peligrosos y mortales, sino porque su modo de producción es en sí mismo peligroso y mortal. Y aquellos no son peligrosos solamente para quienes los producen, sino que, tal como lo demuestra Chernóbil, también lo son para todos los contemporáneos.

En cuanto al reproche de antiprogresismo, afirmo –a mí, que siempre, y por méritos propios, me han clasificado entre los radicales– que ya podemos arrojar el término de «progresista» al montón de palabrejas corrompidas del siglo pasado.

Tesis 7
La industria nuclear es la respuesta al petróleo

El pánico que se viene orquestando desde hace una quincena de años mediante la repetida afirmación de que las reservas petrolíferas se agotarán en poco tiempo y que, en consecuencia, tendremos problemas de alumbrado –argumento intimidatorio que ha cosechado un gran éxito– con el fin de justificar el hecho de no renunciar a la producción de energía atómica y postergarla para luego, ese pánico organizado digo, no es más que pura desinformación. La energía atómica ha sido ante todo la respuesta de Occidente al hecho de ser los países del Próximo Oriente los principales propietarios de los yacimientos de petróleo y sus principales suministradores, y, como tales, extremadamente poderosos. Nadie quiere depender ni económica ni políticamente de ellos.

Al tiempo que se viene introduciendo la energía atómica, se continúa perforando y descubriendo petróleo, lo que demostraría que nadie creía que las reservas de petróleo se estaban agotando. El descenso del precio del petróleo sobrevenido unos años más tarde demuestra asimismo que la teoría de los oscurantistas, aquella según la cual la amenaza que pendía sobre el mundo de quedarse a oscuras, era falsa. Si las perspectivas para el mundo son sombrías y si su futuro no parece luminoso, no es a causa del agotamiento del petróleo, sino a causa de la victoria de la industria nuclear. [4]

Tesis 8
Revolución

Queridos amigos, no olvidemos que el verbo latino revolvere –del que después derivó el sustantivo revolutio– tenía un significado preciso que hoy debemos aplicar: rodar hacia atrás; retroceder rodando. Abrid vuestro diccionario de latín, abrid vuestro Stowasser [5], y éste os confirmará lo que os digo. En fin, que la revolución que debemos llevar a cabo consiste en que el desarrollo nuclear vuelva por el camino andado.

Y ahora, unas palabras sobre el terrorismo en la actualidad. Los verdaderos terroristas de hoy son aquellos que continuamente atemorizan al mundo con la amenaza de destruirlo.

«Terror» significa «espanto». Los hombres que chantajean a la humanidad ofreciéndole como contrapartida la posibilidad de continuar existiendo no son de los nuestros.

El terror nuclear empezó el 6 de agosto de 1945.

Aquellos que tengo en mente son también los nihilistas de hoy, porque lo que hacen amenaza con aniquilar, con reducir el mundo a la nada. La decisión de hacer cosas así ya está tomada: durante la guerra del Vietnam, gracias a un ordenador. Si el proyecto de eliminar al hombre contenido en una decisión que pone el destino de la humanidad en entredicho no es nihilismo, entonces no comprendo lo que significa esa palabra.

Al contrario que esos hombres, nosotros somos los auténticos conservadores de hoy. Pues queremos salvaguardar la existencia del mundo y de la humanidad, la de nuestros hijos y la de los hijos de nuestros hijos. En latín «salvaguardar» se dice conservare. Queremos conservarlos.

Tesis 9
Nuestra supuesta paz es una guerra

La fórmula forjada por Clausewitz hace unos ciento cincuenta años: «La guerra no es más que la continuación de la política por otros medios» –así enunció en su obra De la Guerra esta frase siempre mal citada– hoy resulta un puro sin sentido. Las instalaciones pacíficas no son en cambio otra cosa que una continuación de la amenaza militar mediante la intervención de otros medios, o formulándolo de forma más sencilla: la paz actual no es más que la continuación de la guerra por otros medios. La expresión «guerra fría», que los americanos utilizan para designar la paz de los años cincuenta, pertenece ya a la historia. Si en la actualidad dicha expresión carece de sentido o resulta trivial, con eso mis palabras quedan bochornosamente confirmadas.

Tesis 10
Aquello de lo que de verdad se trata

Estamos en peligro de muerte por culpa de actos de terrorismo perpetrados por hombres sin imaginación y analfabetos del sentimiento que hoy son todopoderosos. Quien crea que, después de 1945, después del necio Truman, esos terroristas todopoderosos, esos altos funcionarios no hayan actuado de acuerdo con una determinada racionalidad; quien crea poder hacer que cambien de parecer ofreciéndoles florecillas, multiplicando las huelgas de hambre, cogiendo de la manita a otros para formar una cadena humana, o hablando con ellos de hombre a hombre, ese es una alma cándida, puesto que ignora –no importa si consciente o inconscientemente– los intereses de la industria militar. Por otra parte, entre nosotros existen bastantes hombres de buena fe que se limitan a procurar –en un gesto muy egocéntrico– seguir teniendo buena conciencia.

No, seamos más serios. Pues lo que hay que hacer es molestar a esa gente sin demasiadas luces y al mismo tiempo todopoderosa capaz de decidir cuando quiera sobre el ser o no ser de la humanidad; ciertamente hemos de atarla corto. En interés de los hombres de hoy y de los de mañana, no puede darse una orden como la que causó la destrucción de Hiroshima y Nagasaki hace de eso cuarenta años. Tales órdenes y tales dadores de órdenes no deberían existir. Quien discute la necesidad de obstaculizar de esa forma a los que dan órdenes se convierte en su cómplice. Y quien se opone por principio a la obstrucción tal como ha sido practicada, por ejemplo en Wackersdorf [6], naturalmente se convierte en un cómplice mayor.

Queridos amigos, hace veintiocho años –ya lo he dicho antes–, formulé en la mismísima Hiroshima un eslogan, «Hiroshima está en todas partes», y después lo usé como título de un libro. En aquella época, quería indicar con ello que cada punto del globo podía ser alcanzado y aniquilado exactamente como Hiroshima. La situación actual es mucho peor.

Porque por culpa de un solo Hiroshima, no importa dónde éste ocurra, bien sea en Harrisburg, en Chernóbil o en Wackersdorf, ni que tenga lugar en tiempos de guerra o durante esta supuesta paz, por un solo Hiroshima, repito, todos los demás sitios de nuestra querida Tierra podrían convertirse al unísono en una inmensa Hiroshima, o incluso en algo peor. Porque no solamente todos los lugares en el espacio, sino también todos los lugares en el tiempo, resultarían afectados, si es que no lo están ya. Entonces nosotros, los hombres de hoy más nuestros ancestros, finalmente nunca habremos existido.

Günther Anders, 1986

Notas

1. Las tesis se publicaron en el Tageszeltung del 10-VI-1986 y en la revista Psychosocial, nº 29, agosto del mismo año (N. del T.).

2. Hombre de Estado austriaco (1773-1859) (N. del T.).

3. De Eróstrato, quien incendió el templo de Éfeso para hacerse inmortal (N. del T.).

4. La perspectiva de un mundo sin petróleo se ha confirmado como plausible, pero en los años ochenta ningún dirigente creía verdaderamente en ello. La nuclearización fue en realidad una respuesta política al lobby productor de petróleo de insospechadas posibilidades militaristas (N. del T.).

5. El diccionario de latín/alemán por excelencia (N. del A.).

6. Ciudad alemana donde había de construirse una central nuclear en 1980, lo que no pudo lograrse debido a la fuerte oposición de la población (N. del T.).

7. En 1979 un reactor nuclear sito en la isla de Three Mille, en la ciudad de Harrisburg, Pensilvania, estuvo en un tris de explotar, como pasó luego en Chernóbil (N. del T.).

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

S'està connectant a %s