Energías renovables y transición energética. Mensaje dirigido a los anti-fracking

La técnica de fracturación hidráulica encarna como ninguna otra la desastrosa huida hacia delante del capitalismo mundializado. Lejos de lo que pregonan sus promotores en Cataluña, Burgos, Cantabria o Euskal Herría, en Estados Unidos, donde llevan más de diez años de ventaja en esta particular carrera, la población no está cabalgando ni mucho menos a lomos de ningún «boom» del gas natural gracias al fracking. A pesar de la buena nueva difundida por BNK España-Trofagás, HEYCO Energy Group/Petrichor Euskadi, R2 Energy (Montero Energy Corporation S.L.), la Sociedad de Hidrocarburos de Euskadi (SHESA) o bastantes idiotas con carnet de político, la fracturación hidráulica ni es rentable ni favorece la autosuficiencia energética de ninguna comunidad. El problema radica en que la producción de cada pozo decae a un ritmo muy rápido. El gas de pizarras es muy disperso y de difícil extracción, lo que obliga a excavar más y más pozos que cada vez producen menos.
Guy Michel, perteneciente al medio libertario de Béziers, en Francia, se dirige en este artículo a los antifracking. Cuestiona las energías llamadas renovables y la «transición energética» como alternativa a la presente crisis multifactorial: energética, territorial y urbana antes que financiera.
Publicado en Argelaga 2.

El 8 y 9 de septiembre de 2012 tuvo lugar en Ginestas, cerca de Narbona, una reunión de la Coordinadora Nacional de colectivos anti fracking. Unos días más tarde, concretamente el 22, en St Chrystol-lès-Alès hubo una manifestación de 3.500 personas representando a los oponentes del sur de Francia a la prospección y extracción de gas no convencional o gas de pizarras por fractura hidráulica. En los dos casos las discusiones fueron intensas. Y como a menudo pasa fueron sacadas a relucir las «energías renovables» y la «transición energética» como solución de los espinosos problemas planteados, particularmente en lo que concierne al fracking.

Se habla mucho de dicha «solución». Pero ¿solución de qué? No podemos mirar con buenos ojos el uso de unas energías que, siendo en principio renovables, «nos» preservan del agotamiento de las energías fósiles. Sin embargo, si pretendemos analizar la situación actual y antes de formular cualquier reivindicación nos hará falta partir no solamente de la locura de una sociedad que ha llegado al agotamiento de recursos indispensables para su supervivencia (locura muy real) sino más bien de su lógica vital. Dejar lado muchos análisis que se contentan con denunciar el despilfarro sin denunciar su origen, o al menos sin llegar hasta el final. Que denuncian la explotación del gas de pizarras sin denunciar jamás el mundo que organiza todo.

No hace falta ser muy observador para darse cuenta de que el mundo en el que vivimos se empeña en producir cada vez más: se trata del famoso crecimiento (por supuesto, económico) que resulta indispensable en el momento en que la economía ocupa el centro de una sociedad, llamémosla capitalista, industrial o tecnológica, como gustemos, pero que, en cualquier caso, necesita entre otras cosas producir cada vez más objetos y venderlos, e innovar continuamente para seguir produciendo.

Ahora bien, en un mundo como éste oímos el eco que responde a la mencionada reivindicación de «energías renovables» y «transición energética». Sarkozy ve en ellas la «reserva del crecimiento», mientras que «la izquierda» y los ecologistas, aunque se guarden mucho de emplear el mismo lenguaje, muestran un idéntico interés, por más que no vayan pregonándolo por las esquinas. El caso de Montebourg [1] es un ejemplo de lo que acabamos de decir. De vuelta a la vida diaria, la gente se olvida de sus preocupaciones «ecológicas», y también del fracking –dando por sentado que tales preocupaciones existieron–, y se pregunta si el gas en cuestión podría ser un maná para la economía. En estas condiciones, ¿qué puede significar el recurso a las energías renovables, un tema presente en todos los discursos? ¿Un eslabón más para la recuperación productiva? ¿La continuación del status quo bajo otras apariencias?

Los grupos «alternativos» de los sesenta creían en un mundo donde las energías solar y eólica «reemplazarían» al petróleo. Pero entonces, no se trataba de una energía abundante capaz de satisfacer los apetitos de las multinacionales y de insertarse en una economía mundializada. Se trataba más bien de una energía para consumir a pequeña escala. En ningún caso en el marco de una sociedad de masas que en aquel tiempo parecía sentenciada. Hemos recorrido un buen trecho desde aquello. Hoy día comprobamos que quienes producen energía renovable son las empresas, las únicas que tienen capitales y disponen de medios tecnológicos enormes. Y por otro lado las renovables se entienden como parte integrante del sistema productivo, tal como piensan los Estados, las multinacionales y también la misma gente de a pie [2], asombrada de escuchar de vez en cuando críticas de unas energías que, por lo que se cuenta, poseen todas las cualidades deseables. ¿Entonces qué? «¿Cuál es, por ejemplo, la diferencia desde el punto de vista tecnológico entre una central nuclear y una eólica industrial de 3 o 7 Mw de potencia? ¿O mejor, entre una nuclear y un macrosistema de miles de eólicas y de «granjas» fotovoltaicas conectadas por smart grids que permiten equilibrar en todo momento una oferta intermitente y una demanda variable? Ninguna. Además se necesitan metales extraños, una organización mundializada de la producción que requiere medios industriales solamente al alcance de un puñado de empresas transnacionales, una instalación, una explotación y un mantenimiento que exigen medios excepcionales (gabarras, buques, grúas, remolques especiales…), que no pueden sostenerse más que con una peritación fuertemente centralizada, una red de fabricación y distribución de piezas sueltas ultratécnicas, electrónica a todos los niveles… Algo a miles de kilómetros de distancia de una producción autónoma, a prueba de perturbaciones, integrada en el territorio y controlable por las empresas y la población locales» (Philippe Bihouix).

Pero ¡Qué más da a los apologistas de las energías renovables! ¡Eso no cuenta (o cuenta muy poco)! Incluso uno dirá: «Mas tarde ya veremos, ¡lo urgente no es eso!» El cea ya ha sido rebautizado; ahora es CEA-EA, EA por energías alternativas ¡el colmo! EDF ya tiene una filial con el santo nombre de EDF-EN (EN, nuevas energías), Areva [3] (multinacional nuclear) y Total (multinacional del petróleo) invierten ambas en el sector industrial eólico y solar. Lo que equivale a decir que de ahora en adelante las energías renovables están bajo el dominio de la gran industria y metidas de lleno en la carrera por la innovación tecnológica, con vistas a la producción masiva y la productividad, al tiempo que la susodicha industria sigue alegremente con sus actividades «tradicionales», que bien provechosas resultan, a saber, la energía atómica, el petróleo, las centrales térmicas…

Nos van a tratar de convencer diciendo que hay que añadir algo de sobriedad a toda la parafernalia de las renovables para lograr que la transición energética tenga sentido. Bonito asunto ¿pero quién será el que instaure tal sobriedad en el mundo de la producción y del consumo galopantes? ¡El Estado, por supuesto! El Estado democrático que garantiza a todos por igual la libertad de expresión, etc. [5] Es chocante con qué rapidez se olvida que son precisamente los Estados los contramaestres de la situación en la que estamos inmersos [6]. ¿De dónde vienen si no, las subvenciones que reciben las eólicas industriales, las solares industriales y… las nucleares? La opción nuclear fue una iniciativa de De Gaulle, y Sarkozy nos vuelve hoy con la misma musiquilla: «tenemos que ser los líderes de las energías descarbonizadas del mañana, sin que por ello tengamos que abandonar un ápice de nuestro avance en el campo de la energía nuclear.» ¡Lo importante es competir! Y lo triste es que los ciudadanos no encuentren nada que objetar, aunque anden de por medio EDF, Areva y el CEA. ¡Al diablo! ¡Con tal de que las energías sean renovables! ¿Es o no? Ya existe un mercado de la polución, donde se compran y venden derechos de emisión. Se van a construir centrales fotovoltaicas de miles de hectáreas en mitad del Sahara. Y el gigantismo o la hipertecnología sólo están empezando. Así se construye el mundo. Es absolutamente necesario estar «en la vanguardia de la guerra mundial por la innovación.» Siempre más y de mayor tamaño. Estamos cerca de una sociedad hormiguero, donde la sobriedad, con la excusa de paliar los defectos de «sistema», vendrá impuesta desde arriba ¡a patadas en el trasero!

No imaginamos hasta qué punto el sistema tecnológico de mercado ha desviado en su provecho cualquier veleidad en pro de una sociedad «ecológica», ni hasta qué punto ha vaciado de sustancia el escaso contenido que pudo tener aquel manido «desarrollo sostenible.» Así pues, hoy podría decirse que «el desarrollo sostenible es el problema, no la solución.» Y si prestamos atención a la transición energética, ésta tiene todas las cartas para convertirse en una nueva «cortina de humo» con la que ocultar el desastre excesivamente apestoso que está empezando a tomar forma. «Gracias a nuestro análisis cuantitativo, geopolítico, legal y comercial…» (SIA conseil) [7] las empresas perforadoras y sus acólitos de la manipulación corren «en busca de una transición energética competitiva» (revista «L’Usine nouvelle», octubre de 2012). ¡Adelante en nombre de un nuevo episodio de la guerra económica, es decir, en nombre de las renovables!

Habrá quien replique que si las multinacionales se apuntan a las renovables, es por que van por el buen camino, lo que demostraría que no hemos sido muy convincentes al respecto. Lo podemos decir de otra manera: la pregnancia del sistema ciega la mar de veces incluso a los militantes más entregados a la causa. Y habrán de ocurrir otros Fukushima, darse otras muestras peores de cambio climático, además de catástrofes relacionadas con las energías renovables –o con lo que se hará pasar por ellas– para que determinada gente abra los ojos de par en par. La economía verde todavía promete bastante devastación por lo que la buena conciencia en economía se irá deshaciendo poco a poco, a trompicones. Entre tanto podemos preguntarnos qué quedará de nosotros y del mundo cuando todo esto suceda. Tras las catástrofes que se anuncian… ¿Qué pasará?

Alguno me dirá ¿Qué propones tú? Otros dirán que me falta perspectiva. Yo creo que antes de tener una proposición que hacer habría que tenerse la lucidez de decir que no [8]. Y no seguir albergando gratuitamente esperanzas inconsistentes.

Guy Michel

Notas

1. Diputado socialista francés, candidato en las primarias de su partido que escogieron a Hollande. En su campaña hizo alarde de ecologista, antiglobalizador e «indignado» (N. del T.).

2. Una señal entre otras del retroceso de la crítica social desde los años sesenta (N. del A.).

3. EDF, Electricité de France, consorcio estatal de la producción eléctrica. CEA, Comissariat de l’Energie Atomique, organismo estatal para la investigación nuclear. AREVA, de origen estatal, líder mundial del sector nuclear (N. del T.).

4. Mirándolo bien, los Estados nunca se han opuesto a las empresas en este asunto, sino más bien han ido con ellas de la mano, puesto que son sus principales clientes y financieros. Cada día que pasa quedan más en entredicho los postulados ciudadanistas según los cuales los Estados son garantes del bien público (N. del A.).

5. A propósito de esto «la imperiosa necesidad de no eliminar la libertad politizando la ecología, fue el caballo de batalla de Bernard Charbonneau. Yendo a la contra de todos los políticos de la ecología (sobre todo de René Dumont), la alianza de la ecología con la libertad fue para él el leitmotiv de toda su vida. Comenzó entonces la crítica previa del totalitarismo e indirectamente de la ecología política estatista en una obra magnífica titulada El Estado. En ella se adhirió de nuevo al pertinente análisis de Hannah Arendt, la cual decía que la cuestión que planteaba –¿Tiene todavía sentido la política?– volvía sospechosa cualquier política… y esperaba en secreto que los hombres se rindiesen ante la razón y se desembarazasen de una forma u otra de la política, antes de que ésta no llevara a todos al matadero. No obstante, alguien podría objetar que la esperanza de que todos los Estados languidezcan y decaigan, a menos que no desaparezca de cualquier modo la política, es utópica, y probablemente la mayoría de la gente estaría conforme con dicha objeción, ‘lo que no modifica en nada –sigue diciendo Arendt– ni la esperanza ni la cuestión.’ Situando su proyecto fuera de cualquier proposición política o estatal que siempre refuerza la organización vigente de la naturaleza y racionaliza totalitariamente la organización ecologista y social de la sociedad, Charbonneau fue el único pensador ecologista antitotalitario». Clément Homs (N. del A.).

6. «El Brasil según Dilma Rousseff: una dictadura económica en guerra abierta contra los defensores de la Amazonia». Es el título de un artículo de la página de Raoni, jefe indio del Amazonas, que lucha contra las destrucciones causadas por la presa de Belo Monte, que cubrirá de agua una amplia extensión de terreno y alterará una parte del ecosistema amazónico. El proyecto fue declarado ilegal por los tribunales brasileños, pero la presidente Rousseff autorizó su realización a pesar de todo. Es toda una lección para quienes deseen participar activamente en un Grenelle del medio ambiente (los acuerdos de Grenelle pusieron fin al Mayo del 68), conferencias sobre energía y refundición del código minero, pero… Una presidente debidamente situada a la izquierda de la izquierda o se limita a ser la administradora del sistema o no es nada. Como un vulgar Bush o un vulgar Hollande (N. del A.).

7. Consultora de dirección y gestión de empresas (N. del T.).

8. Fréderic Gailland en Le Soleil en face (el sol de cara) (N. del A.).

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