ZAD, Notre Dame des Landes ¿Por qué los zadistas despiertan tanta simpatía? ¿Qué pasa ahora en la ZAD?

Guy Michel

Todo aquel que está a favor de los zadistas y apoya su lucha contra el aeropuerto y su mundo hoy día se halla ante una situación algo confusa.

1. Desde el exterior –precisemos que no estamos en la ZAD y que habitamos lejos– la actitud de la oposición da la impresión de haber cambiado de forma de ser. Hace bastante que no se ve en la lucha nada de lo que antes llamaba la atención: el rechazo de la mediación política y de la presencia de cámaras, la voluntad de estar lo más cerca posible de las necesidades del momento utilizando la violencia en caso necesario, la denuncia de todas las mentiras de los políticos…

«Más que una simple resistencia local a un proyecto de aeropuerto cuestionado, Notre Dame des Landes se ha convertido en un símbolo de la lucha por una verdadera transformación ecológica y social», tal como dice con sencillez una web progresista sin darse cuenta de que es ahí justamente donde radica el problema: transformación de una lucha de carne y hueso en representación ideológica. De eso se trata.

2. Parece que la unidad de los que se oponen al aeropuerto, dada a entender desde las manifestaciones de noviembre, no sea del todo real. Hay lío entre el Este y el Oeste de la ZAD. Y la alianza de los zadistas con la ACIPA no tiene la pinta de funcionar del todo. El portavoz de esta última ha agredido verbalmente a los –a algunos– zadistas.

3. En el momento en que bastantes piensan que el aeropuerto es inviable, vemos por un lado que la unidad de los contestatarios se desvanece y, por el otro, que los acontecimientos aglutinantes, las manifestaciones nacionales, adoptan formas que tienen poco que ver con la manifa de la reocupación.

¿Soplan vientos contrarios? Y si eso es así, ¿por qué?

Las informaciones que nos llegan de la ZAD sobre su estado actual no abundan, lo que hace que la situación sea difícil de comprender desde fuera. Solamente disponemos de informaciones recogidas en la prensa o en las webs, mensajes enviados a través del móvil y relatos de quienes pasaron por allá.

1. El contexto después del 17 de noviembre de 2012

Lo que pasó desde la irrupción de la gendarmería móvil en la ZAD, echando a la gente y destruyendo casas y cultivos, hasta la manifa de reocupación del 17 de noviembre con todo lo que ocurrió a continuación, marcó el ánimo de todos. En efecto, la crítica que entonces salió a la luz era de un tipo sensiblemente diferente de la que se había mostrado en los momentos de la protesta, algo reconocible incluso por los más miopes observadores. Una voluntad «de batirse sin solicitar a los políticos, sin escuchar su lengua de trapo, sin creer en sus promesas, desconfiando de sus concesiones», de ir hasta el final, un rechazo de la representación hecha por los políticos de siempre cuyo sostén y compañía nunca se había pedido, un discurso contrario a las consignas denominadas «unitarias», o sea, minimalistas, típicas de los ciudadanistas presentes. «La lucha se inscribe en un movimiento planetario contra el capitalismo, la dominación y el control social que necesita. Un movimiento de emancipación de los pueblos sin representación institucional» [1].

La negativa a aceptar sin combate la ocupación del lugar por las llamadas fuerzas del orden ocasionó violentos enfrentamientos. No se trataba de dar libre curso a la cólera, por supuesto justificada de sobra, sino de luchar lúcidamente por la permanencia en la ZAD ocupada, demostrando que no se permitiría una invasión policial sin reaccionar [2]. Por eso hubo en los enfrentamientos una organización meditada; había que resistir –no ilusionándose con el final, dada la superioridad «militar» de los maderos– jugando estratégicamente las cartas que se disponían. El resultado acarreó incuestionablemente la simpatía de una franja importante de la población tal como pudo comprobarse de inmediato durante los actos informativos con los transeúntes y los automovilistas. Aparte de los dirigentes de ATTAC, poca gente se sintió afectada por la violencia, y la mayoría entendió perfectamente los motivos para defender la ZAD de aquel modo. Así pues, para sembrar la confusión fue necesaria la presunción de los «ciudadanistas profesionales», quienes a la compresión general de los hechos contrapusieron su visión particular, que sin excedernos podríamos calificar de falsa y engañosa. No está de más volver de nuevo al tema [3]. Aquellos que decían que «los diversos contestatarios multiplicaron las formas de protesta, pero fueron siempre intransigentes en el hecho de que la lucha contra el proyecto debía ser no violenta», añadiendo en plan estalinista que «se infiltraron elementos provocadores para forzar un enfrentamiento con las fuerzas del orden y mostrar agresividad a los periodistas» [4]. Se les respondió que «hacía falta caradura, tras mes y medio de expulsión y resistencia encarnizada con imágenes que lo demuestran en la televisión y la prensa, para trompetear a todo gas la “opción de la no violencia”. Si no nos hubiéramos defendido de todas las maneras posibles, probablemente hoy no quedaría nadie hablando de la ZAD, ni nadie viviendo allí» [5]. En realidad, lo que se tomó no fue la opción de la no violencia, sino la opción. «Contra la no violencia» y no «por la violencia»: «Cuando las tropas llegaron por segunda vez para expulsar, destruir y maltratar centenares de personas de ideario diverso sintieron la necesidad de autodefenderse codo a codo con cánticos y sentadas, pero también con piedras y cócteles molotov» pues, tal como subrayaron los zadistas, «la realidad del movimiento es una multitud de personas que se encargan de la logística, de la comida, de la comunicación, de los collages, de los dosieres jurídicos, de los tirachinas, de los vendajes, de las canciones, que construyen casas, cultivan, se tumban en las carreteras o corren encapuchados». Todo esto era tan sencillo y claro que muchos coincidieron en la manera de ver la lucha. Tan grande fue el rechazo de los afectos al sistema –que por su parte encontraban extraordinario el ataque a su mundo de la producción de mercancías y consumo desaforado– como grande el número de los que, poco o mucho, dejaron de creer en las mentiras que el mentado sistema profiere para mantenerse y se sintieron implicados en la lucha. En lugar de los consabidos conciliábulos entre las mismas organizaciones político-sindicales y asociaciones de izquierda repitiendo las mismas trivialidades año tras año –trivialidades que no impactan en una población cada vez más aletargada– corría por fin un poco de aire fresco, y la gente se comprometía en cuerpo y alma en la lucha, hablando sin tapujos [6]. Y además, con buenos resultados.

2. Las divergencias de los zadistas entre sí y con la ACIPA

Toda organización social sufre el peso de la Historia y la manera un tanto «romántica» [7] como se presentó la ZAD durante las semanas posteriores al 17 de noviembre contribuyeron sin duda al «olvido» de las dificultades que siempre surgen en la construcción de una comunidad ocupando los lugares. Y la calma (relativa) que siguió a los periodos de efervescencia ligados a los enfrentamientos con la policía permitió aflorar divergencias entre los grupos ocupantes. Divergencias que no podríamos llamar ideológicas, puesto que más bien tenían relación con la vida diaria. Así, contrariamente al cuadro idílico mostrado al principio, determinada gente ha visto que «la ZAD es una microsociedad con diferentes grupos, tendencias… de personas con proyectos sólidos y persistentes (horticultura), con perspectivas o derivas personales diversas, pero también de personas con dificultades de índole sicológica o social», y por supuesto, con problemas de cohabitación entre unos y otros susceptibles de degenerar de vez en cuando. Como mínimo cabría preguntarse sobre la pertinencia de tamaña clasificación. No obstante, «a veces causó impresión ver a una (o unas) colectividad (es) intentar resolver conjuntamente los problemas surgidos en su seno, intentando que la solución fuera lo menos traumática posible para las personas o grupos cuestionados». Las divergencias llevaron, por ejemplo, a la necesidad de cortar una carretera de acceso, que para unos usarían los maderos en una penetración rápida, mientras que para otros era indispensable para el paso de los campesinos y sus tractores. Había que escoger una de las dos prioridades. Procuraremos no entrar en el debate y nos abstendremos mucho de tomar partido por una u otra solución, puesto que físicamente no estábamos allí, pero constatamos que la discusión no concluyó con una toma de posición común.

Las disensiones como la arriba expuesta debilitaron ciertamente el movimiento, donde todo el mundo participaba sin distinción –de la gente de ACIPA a los zadistas más radicales. «Cuando los campesinos recurren a sus tractores y los encadenas frente a las barricadas, cuando se cavan hoyos en las carreteras, cuando se tienden emboscadas a la policía, hay que proporcionarse los medios adecuados para responder a la situación» dicen los autores del texto que salió en Le Monde.

Así pues, unos meses más tarde, las declaraciones extemporáneas del portavoz bocazas de la ACIPA rompió –en la prensa– el nexo que los unía. Bueno, las disensiones ya existían y aquello no fue más que el resultado final. Lo peor fue que la metedura de pata ocurrió en los medios, cuando uno de los actos zadistas de mayor impacto fue precisamente su crítica de la prensa y del espectáculo que destila para uso de consumidores de infos. «En el fondo, ninguna gran sorpresa, sino ira al ver barbotar en la prensa lo que hubiera debido discutirse en las asambleas del movimiento» [8]. Esa es la cuestión. Se ha retrocedido en cuanto al modo de ser y actuar, pues obrando así se ha validado de hecho el periodismo; es como si hubieran demandado a los zadistas ante los tribunales. Para algunos el retroceso no plantea problemas, ya que la tendencia más «ciudadanista» no ve mal movilizar la prensa y darle a pastar todo o parte de lo que se cuece en la ZAD [9]. Esta no será la única marcha hacia atrás.

3. ¿Contra el «mundo del aeropuerto»? ¿De verdad?

Es conocida de sobras la inclinación ciudadanista a concentraciones los más multitudinarias posible.

En la manifestación del 17 de noviembre tal inclinación fue expuesta claramente y además, había sido discutida desde hacía tiempo: se reocupó la ZAD, se reconstruyeron las cabañas y se reacondicionaron los lugares. En resumen, hubo una reinstalación. Los muros de contención respecto a la violencia fueron estudiados: «Su objetivo no era ciertamente el enfrentamiento y habíamos decidido en ese contexto prestar particular atención a que éstos y con ellos los que no lo deseaban pudieran evitarlo». Se tomaron precauciones con los periodistas. Su presencia sencillamente no era deseable en determinados lugares de la ZADy… si necesitaban información no tenían más que pedirla. Quizá se trataba simplemente de que no se mostrara como espectáculo en el sentido estricto del término.

La fiesta que siguió semanas después, con música en el programa, no había sido anunciada y a pesar de ello la policía no pudo intervenir sino de forma marginal y sin consecuencias en los caminos de acceso. En un ambiente apacible la gente vino y tomó parte en el juego. Ni billete de entrada, ni verdaderos horarios, sólo trabajo colectivo para ponerlo en marcha, aunque no todo el mundo se puso manos a la obra, pues aquello no era el paraíso. Nunca será un paraíso. Los músicos participaban gratuitamente en la fiesta. Hete aquí una organización a escala humana. A escala de la comunidad de gente que vivía en la ZAD.

Al contrario de las primeras manifestaciones, las siguientes tomaron otro cariz. La cadena humana que hubo a continuación tenía como objetivo que se presentara el mayor número de personas posible para cogerse de la mano. «Ser una multitud numerosa», «impresionar»… El desacuerdo con determinados zadistas volvió a producirse, pero la acción terminó por llevarse acabo [10]. Proponer «encadenarse» a la gente es una idea singular. Incluso si la cadena es simbólica. Se oyó decir que se había planteado incluso sobrevolar la ZAD con un helicóptero lleno de periodistas para que comprobasen la magnitud del cerco. Si comparamos la idea con la desconfianza frente a los periodistas, merecida como han demostrado en precedentes actuaciones, nos encontraremos con un sorprendente cambio de perspectiva.

La manifestación de primeros de agosto ofreció momentos de relax con grupos musicales que «solamente han cobrado el transporte». Había músicos «cabeza de cartel» cuyos nombres que se difundieron previamente para dar una idea a los consumidores por llegar. Ya no se actuaba a escala humana y era de temer que se terminara con un pie en el «negocio del espectáculo»; recordemos a esas bravas vedettes del show biz que han ganado una pasta junto con sus promotores, mejorando su imagen y lo que no es su imagen en los conciertos de beneficencia de hace unos años. En cualquier caso, a fuerza de querer una asistencia numerosa («la gran concentración estival ha llegado a ser tradicional, pero este año alcanzará una amplitud sin igual» dijo la ACIPA) se acaba abandonando el mundo real para situarse en el del espectáculo [11]. Podemos estar seguros de que la gente de la ACIPA y la coordinadora de la oposición no tiene demasiados miramientos con lo que otros consideran un problema. Paralelamente, varias charlas estaban previstas durante la concentración; así se tendría derecho –y más cosas– a la ya tradicional promoción de la transición energética, cuyos grandes méritos nos ensalzarán a «expertos ciudadanos» [12]. Podrá también evocarse «el retorno de una sólida representación ciudadana, confiscada por las clases políticas dirigentes». ¿Un retorno? ¿Ha existido antes algo por el estilo? Esos espabilados harían bien en decirnos cuándo hubo «una sólida representación ciudadana».

Nos enteramos con retraso (y parece que la ACIPA también) de que los zadistas preparaban una fiesta alternativa en los lugares ocupados para tratar «de afirmar otro punto de vista en el seno de un acontecimiento con cuya iniciativa no teníamos al principio nada que ver». El programa musical venía después de las discusiones y las exposiciones que sostenían «el punto de vista de la oposición directa». Mientras tanto, el consistorio de Notre Dame des Landes prohibió el festival con el pretexto de que no había sido tramitado administrativamente ¡Anda ya! A día de hoy todavía no sabemos cómo ha terminado todo esto en la ZAD. Normal, ¡no estábamos! Y por eso no podemos opinar sobre el baile de cifras de los asistentes. Según la ACIPA no fueron diez mil las personas que fueron a ver los espectáculos sino cuarenta mil.

En vista del modo en que la ACIPA concibe la fiesta y la acción política, queda claro que al «mundo del aeropuerto» todavía le queda tiempo por delante.

No pretendemos afirmar que sea malo reunir en un lugar al mayor número de gente posible. Pero creer en los milagros de que manifestaciones de «una amplitud sin igual» [13] tendrán grandes consecuencias porque van aliñadas con un discurso unitarista, constituye de por sí un problema. Las palabras que escuchemos en la concentración convocada seguramente girarán en torno a un mundo «casi perfecto», el nuestro [14], acosado por malvadas multinacionales (se aludirá a Vinci y se obtendrá la aquiescencia y aplauso de la mayoría), que el Estado –«bueno en si»– secunda al estar, por desgracia, en manos de individuos que colocan los intereses de aquellas por delante del interés general [15], la fuente de todo nuestros males.

Lo que los zadistas demostraron mediante sus acciones había sido otra cosa: «la Historia no se escribe únicamente a la luz de los focos mediáticos y en los cenáculos políticos». Esto por lo que respecta a los políticos que no han cejado en tratar de revestir con su ideología la historia de la ZAD. Del mismo modo que los periodistas que no dudaron en calificar las protestas contra el «Ayraultpuerto» ¡de ecologistas!, dando a entender la paternidad del partido que se abroga ese nombre, embrollando completamente la comprensión de lo que allí está pasando. Desde luego, para facilitar a los lectores la comprensión de algo habría que estar al tanto de lo que se trata (y también evitar deformar los hechos con interpretaciones simplonas). Los zadistas les decían que «Nosotros somos demasiado complejos para las caricaturas del poder del tipo “ultras”, “amables ecologistas”, “oponentes históricos”, “jóvenes zadistas”… Por suerte y a pesar de las desesperadas tentativas de Auxette [un socialista feroz partidario del Ayraultpuerto] o de Lavernée [el prefecto] las divisiones planteadas en estos términos no han tenido demasiada influencia en las dinámicas de las últimas semanas».

Esto se escribió hace seis meses. Hoy en día se sigue escuchando la misma musiquilla. Peor aún, podría pensarse por un momento que la lucha contra el aeropuerto ha absorbido la que se sitúa claramente contra «el mundo del aeropuerto», vista la exuberancia de los comités ciudadanistas con sus críticas a ras de aeropuerto y la ACIPAen cabeza, sostenida por las capillas habituales de políticos y sindicalistas de izquierda. Los dos «partidos» –en el sentido genuino del término–, ocupas de la ZAD por un lado y ACIPA por el otro, hasta el presente habían sostenido la lucha discrepando menos de lo que hubieran esperado. La unión no llegó a través de un consenso amplio entre organizaciones, sino, de modo dinámico, gracias a la convergencia de gente comprometida en esta lucha y en otras que creyó necesario sostenerla [16].

¿Qué sucederá a partir de ahora?

 

Notas al pie

1. A propósito del texto “Desprecio de clase en la ZAD”, en zadnadir.org.

2. “Nos habíamos preparado contando con la posibilidad de levantar obstáculos y con la necesidad de autodefensa de los manifestantes en caso de agresión policial”.

3. Las tesis de los zadistas más lúcidos fueron expuestas en el diario “Le Monde” respondiendo a un texto de los dirigentes de ATTAC.

4. Hay policías en todas las organizaciones –y por supuesto en ATTAC–, entonces ¿por qué no en la ZAD? Decir que son ellos quienes han empujado a la violencia equivaldría a decir que no hay más que maderos en la ZAD… Las señoras George y Trouvé, autoras del susodicho texto y copresidentas de ATTAC no temen al ridículo.

5. Muchos de los que frecuentaron los lugares de ocupación de la ZAD y estuvieron presentes durante los enfrentamientos lo dicen y repiten: “La resistencia a la fuerza militar, particularmente durante la operación César de noviembre pasado, debe mucho a los que se ha calificado de marginados, vagabundos modernos. Mientras haya cabañas de madera, habrá esperanza, lo digo yo”. Página web Reporterre.

6. “Pero ¿cómo convencerles?”, pregunta H. Kempf a PMO (Pièces et Main d’Oeuvre), que responde: “Primero, mediante gente que predica con el ejemplo. Una de las figuras de ésta época es el desertor, que lo deja todo para irse a vivir al campo. Necesitamos objetores de conciencia, individuos libres”.

7. “Visión verdaderamente idealista de las cosas”, ha dicho alguien muy en “contacto” con la situación.

8. Hors Piste (Fuera de la pista), un grupo en lucha contra el aeropuerto y su mundo salido del movimiento de ocupación. Que añade: “En otoño de 2012, ustedes [la ACIPA] condenaban firmemente la ocupación militar; ahora vuestro portavoz condena a quienes todavía se oponen a ella. Hace seis meses los ocupantes eran heroicos ¿son ahora parásitos manipulados desde el exterior? Tras unos meses de fuerte solidaridad, os habéis disociado de nuevo con los ocupantes” y “cómo os atrevéis a olvidar tan pronto que la mascarada del ‘diálogo’, junto con la militarización y la criminalización, son la respuesta del Estado a la resistencia en el terreno, a las barricadas y enfrentamientos del otoño?”, y finalmente también subrayamos: “Cuando escupís en los medios de comunicación a lo que os supera y os quedáis tan satisfechos, os cubrís de ridículo y deterioráis severamente las bases comunes de funcionamiento construidas con tanto esfuerzo?”

9. “La mediatización nacional del combate es absolutamente necesaria si se quiere triunfar, librar a la publicidad del proyecto de aeropuerto es indispensable para que el gran público tome conciencia de su aberración”. Comunicado de la ACIPA, viernes, 30 de noviembre de 2012.

10. “Nosotros no nos encadenaremos”, así se titula una hoja volandera difundida el jueves 2 de mayo de 2013 en Poitiers durante una reunión pública de preparación de la cadena humana del 11 de mayo. Notemos la presencia en este debate de Julien Duran, Dorian Piette, Françoise Verchère y de Véronique Massonneau, diputada del LEV por el departamento de la Vienne, la misma que aseguró su apoyo al proyecto de Center Parcs en el norte de la Vienne, un proyecto, según ella, creador de empleos que permitirá revalorizar el bosque afectado. Si os preguntáis quién mató la ecología política, no busquéis más…

11. “Todas las personas presentes, público, artistas y organizadores muestran una gran satisfacción ante el profesionalismo de la organización, montada por cerca de ochocientos voluntarios…”. Comunicado de prensa de la ACIPA del 4 de agosto de 2013. “Entre la muchedumbre de jóvenes venidos principalmente por la música, otros menos jóvenes decían venir ante todo por ‘militantismo’, por ejemplo, Marie-Thérèse, del cercano pueblo de Bouvron, que lleva una pegatina con el eslogan ‘No al aeropuerto y su mundo’”, RTL.fr, 4 de agosto de 2013, subrayado por nosotros.

12. Programa de festividades del 3 al 4 de agosto.

13. Comunicado firmado por la ACIPA y la Coordinadora de los que se oponen al aeropuerto.

14. Aconsejamos al respecto la lectura del excelente libro La libertad en coma, del grupo Marcuse, editado por La Lenteur.

15. Sin cuestionar nunca ese ‘interés general’, que queda definido ¿por quién y cómo? En un mundo como el nuestro, enteramente dominado por la economía, es evidente que el interés general viene dictado por los imperativos de aquélla. ¿Debemos someternos a tal punto de vista? Y sobre todo ¿Cómo evitarlo?

16. En Larzac ha tenido lugar una protesta a favor de la ZAD contra el ministro Le Foll: “Tras algunos tiras y aflojas, los partidarios de la ZAD erigieron una cabaña para bloquear la carretera, a pesar de los gendarmes y… de Pierre Bourguière [oponente en 1970 al campamento militar de Larzac] Si la prolongación de la concesión acordada a la Sociedad Civil de las Tierras de Larzac era del agrado de todos, el jueves, en la meseta de Larzac, algunos quisieron mostrar su descontento con el proyecto de aeropuerto en Notre Dame des Landes. ¿Quién lo hubiera creído? ¿Quién hubiera imaginado ver un día a Pierre Burguière y a Léon Maillé, figuras emblemáticas de la lucha de Larzac, al lado de los gendarmes, enfrentándose con los manifestantes contrarios a la cementación de tierras agrícolas?” Sacado de la prensa local.

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