¿Quién ha puesto precio a las ZAD?

Matthieu Amiech y Célia Izoard, habitantes del Tarn contrarios al proyecto de pantano en el Tescou. Matthieu es uno de los editores de la recopilación Sivens sans retenue (La Lenteur, 2015) y Célia es traductora y periodista.

¿Suena a ironía el título? El 6 de marzo, el mismo día que la Zona A Defender del bosque de Sivens fue de nuevo evacuada por la policía, Manuel Valls se inquietó por el “silencio de la sociedad y de los intelectuales” ante el ascenso de la extrema derecha (Le Monde, 7-03-2015). Vista desde el Tarn, donde los contrarios a la construcción del pantano de Sivens estuvieron todo febrero confrontados a prácticas de inspiración fascista, la declaración del Primer Ministro parece una provocación insolente. Su gobierno se ha apoyado en una franja de la extrema derecha con el fin de debilitar la lucha contra el proyecto de pantano y de facilitar la dispersión de la ZAD del Testet. Al objeto de aclarar lo que acabamos de decir se impone un repaso de hechos escasamente mediatizados.

A partir del fin de semana del pasado 31 de enero, grupitos de individuos empezaron a bloquear los accesos de la ZAD para impedir la llegada de la gente que quería presentarse en el lugar. En cortar el contacto entre los zadistas y sus numerosos apoyos de la región, dichos grupos no se andaron con chiquitas: a los que transportaban víveres para los defensores del bosque se les desvalijó el cargamento; otros se encontraron con los neumáticos reventados, el coche en la cuneta e incluso vuelto cabeza abajo simplemente por haber despertado sospechas; todo el mundo fue amenazado abiertamente y a veces seguido cuando se alejaba de los controles de la purria pro-pantano.

Por ejemplo, al alcalde de un pequeño municipio del sur del Tarn, Patrick Rossignol, venido el 1 de febrero a participar en una discusión sobre la ZAD, le siguieron los pasos desde Sivens al centro de Gaillac, donde aparcó su automóvil. Al volver de la reunión se encontró roto el parabrisas. En su testimonio colgado de internet, refiere también que el grupo de militantes del pueblo que le acompañó a presentar la denuncia en la gendarmería fue atacado con barras de hierro por individuos pro-pantano y aunque los hechos ocurrían ante las ventanas de la gendarmería, los gendarmes no asomaron la cabeza hasta el último momento.

Durante todo el mes, los participantes en la lucha contra el pantano han sido con frecuencia amenazados y molestados en presencia de las fuerzas del orden (los zadistas en cambio gozan de privilegio de sufrir amenazas en el bosque, sin testigos, a cualquier hora del día o de la noche). Los gendarmes se presentaban en los alrededores en misión de interposición, pero su connivencia con los pro-pantano era más que evidente. El domingo 1 de marzo, un joven que trataba por la tarde de llegar a la ZAD, se tropezó con la carretera cortada y fue forzado a bajar de su camión, que rápidamente fue incendiado ante la mirada de los gendarmes. Pretextaron ser demasiado pocos para interponerse, y ese mismo pretexto les sirvió para no levantar acta de lo sucedido. Finalmente, el miércoles 4 de marzo, las fuerzas del orden que rodeaban el lugar para impedir cualquier refuerzo y aprovisionamiento de los zadistas, dejaron que los pro-pantano (muy numerosos en ese momento) invadieran el campamento de los adversarios al susodicho. Los testigos informan de la caza del hombre, de saqueos e incendios, incluso de las cabañas que albergaban animales (Véanse los reportajes de Reporterre.net en la web).

Este horrible aliento de ciudadanía activa fue organizado en principio sin ninguna etiqueta política visible, a no ser la de los brazaletes “antimelenudos” que lucían los pro-pantano. En la prensa local, los grupos de intimidadores fueron presentados como “agricultores de la parte enfurecida”; pero la gente que les conoce los señaló como electores o militantes del Front National, y no todos agricultores. Las páginas internet que reivindican tales acciones contienen discursos típicos de la derecha dura (contra parados y extranjeros), sazonados con amenazas de muerte a los zadistas. Uno de los animadores del blog Testet.sivens.com contribuye a financiar el periódico Bolulevard Voltaire. En la zona, varios vehículos llevaban pegatinas del Front National. Al asumir públicamente la organización de una semana de bloqueo de la ZAD a partir del 2 de marzo, la FNSEA (el sindicato de los empresarios agricultores), que hacía meses que animaba a los ultras locales, sancionó oficialmente tales viles prácticas. El gobierno de Holande y de Valls las ha aprobado igualmente, puesto que no las ha denunciado.

De hecho, para todos los que han sufrido esta vil ofensiva la situación se volvió tan inquietante que ya no se podía decir si la policía sostenía a los civiles pro-pantano, o si eran milicianos quienes ayudaban a la policía en su trabajo de reprimir una ocupación insoportablemente molesta, tanto a los ojos de los barones del Consejo General del Tarn, como a los del Primer Ministro.

Por otro lado, resulta bastante llamativo el contraste entre el extremismo de los medios empleados para poner el bosque de Sivens a disposición de las hormigoneras y el carácter consesual de los argumentos empleados para justificar tal demostración de fuerza. Fijémonos en el llamamiento del 28 de febrero de los Jóvenes Agricultores del Midi-Pyrénées a los agricultores FSNEA de toda la región: La comedia ya está durando demasiado. Hay que pasar de la fase en que los ‘antitodo’ puedan bloquear lo que les venga en gana a la fase de desarrollo responsable donde los proyectos económicos estructuradores para nuestros territorios puedan emprenderse y llevarse a cabo. Por encima de la presa de le Tescou está en juego todo lo proyectable en Sivens”. Esta es una consigna a la que ningún miembro de la clase política se atrevería a oponerse, quizás con la salvedad de Jean-Luc Mélenchon (candidato presidencial del neoestalinista Front de la Gauche), que cuando va a la caza de votos disimula su trasfondo productivista. El Secretario de Estado para la Reforma Territorial, André Vallini, ha declarado recientemente que Para que Francia siga siendo Francia hemos de continuar construyendo aeropuertos, pantanos, autopistas, líneas de alta velocidad, equipamientos turísticos…” Lo mismo podrían decir François Bayrou, Xavier Bertrand y Marine Le Pen (candidatos respectivamente de la derecha giscardiana, de la derecha gaullista y de la extrema derecha).

Lo anterior significa que apaleando en medio del frío y de la lluvia a esos jóvenes de cabello largo que intentan cambiar el mundo, los milicianos del FN y de la FNSEA en realidad no hacen sino defender los intereses de la elite político-económica de la que dicen abominar. Por lo general, dicha elite sigue presentándose como moderada y demócrata, pero lo hace así porque cuenta con individuos sobre el terreno, capaces de emplear todos los medios necesarios contra la emergencia de alternativas ideológicas y prácticas al desarrollo industrial, a la sociedad del crecimiento y a su inevitable saqueo humano y ecológico. Estamos en el corazón de la identidad histórica de la extrema derecha, más allá de sus gilipolleces chauvinistas y xenófobas, más allá de los votos de castigo que les proporcionan éxito electoral: la extrema derecha arraiga en la sociedad cuando las clases dirigentes se ven obligadas a concederle un papel en el mantenimiento del orden, es decir, en la represión de los movimientos anticapitalistas y la estabilización del mundo de los negocios (que los negocios se sigan realizando como de costumbre). Esta función la desempeñan generalmente individuos y grupos que en principio deberían atacar al sistema económico ya que éste está a punto de triturarlos, pero que por todo un conjunto de razones, personales y sociológicas, se incorporan en las filas del orden: la cancioncilla de los pro-pantano durante todas estas semanas era el “pedimos al Estado que aplique la ley”, desde luego a riesgo de presionarle pisoteando un buen número de leyes.

Cuando el Estado francés se compromete en una gigantesca operación de reconversión ambiental que culminará el próximo diciembre en la conferencia Paris Climat, para él es crucial que se ahogue la voz que, lentamente pero con insistencia, no para de escucharse desde hace unos años en Francia y en otros países, especialmente en las luchas contra los grandes proyectos útiles para el capitalismo: solamente la detención del desarrollo industrial, seguida por un inventario detallado de nuestra civilización maquinista, permitirá que renazcan las esperanzas en un mundo habitable, social y ecológicamente. Por supuesto, la cosa implica un cambio político inmenso que nuestras elites tratan de impedir a cualquier precio, recurriendo a los miedos y contradicciones que se producen en el seno del pueblo.

Si la atmósfera social no fuera tan pesada en los tiempos que corren, podríamos reír a carcajadas con la fanfarronada que Manuel Valls dedica a la cumbre de diciembre: Así como la Francia de la Ilustración supo mostrar el camino, el modelo ambiental francés ha de servir al mundo de inspiración. Lo que venimos a proponer es una especie de nuevo universalismo.” Tras los últimos avatares del conflicto de Sivens y la carta blanca dada por el gobierno a la FNSEA, sabemos que el nuevo Diderot del siglo XXI se llama Xavier Beulin (secretario de la FNSEA) y que el nuevo universalismo consistirá en incitar a todo el mundo no francés a usar la misma cantidad de pesticidas que en el país galo.

Ahora pongamos fin a la ironía chirriante: para numerosos habitantes de la región de Sivens que se sienten afectados por los últimos acontecimientos, tal como ya lo fueron hace cuatro meses con la muerte de Rémi Fraisse, la suerte todavía no está echada. El pantano aún no se ha construido y por lo tanto su construcción todavía puede paralizarse. Por lo pronto, ya sabemos a qué extremos están dispuestos a llegar los defensores de las obras. Numerosos artículos de prensa acerca de la reunión del Consejo General del Tarn del 6 de marzo atestiguan que determinados cargos electos no tienen intención de conformarse con un pantano más pequeño del que estaba inicialmente previsto.

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