De la caspa en el medio libertario

[GalegoEnglishDeutsch (seite 24). En català més abaix].

Argelaga, 20-06-2015

Salir del gueto” ha sido una canción entonada con frecuencia en los medios libertarios, lo cual, dada la situación confusa y aguachinada en la que se desenvuelven las luchas sociales, de por sí marginales, no significa más que quien la canta se dispone a dar la espalda a la verdad de las cosas en aras de una sobredosis de activismo. Encerrarse en un veganismo miope, un feminismo meramente gramatical, la lectura de Foucault o el punk no es más que una manera inofensiva de adaptarse a la triste realidad, pero no son mejores el voluntarismo ciego o la militancia orgánica. Eso no lleva a ninguna parte; es pan para hoy y hambre para mañana. Son tiempos de descomposición sin apenas movilizaciones, sin mayorías lúcidas y furiosas, y no queda otra que analizar bien el presente resaltando las contradicciones susceptibles de ampliar las grietas del sistema y alentar la revuelta. La crisis sigue su propio ritmo, lento y desesperante, abierto a todas las falsas ilusiones, las únicas que por ahora son capaces de agrupar mayorías. Pero cerrar los ojos a la experiencia pasada y apechugar con flagrantes sinsentidos a fin de tener compañía y disfrutar de un sucedáneo de acción no soluciona el problema, sino que lo empeora. La sabiduría popular se equivoca en ese punto: no por ser muchos reiremos más.

Creemos sinceramente que la presencia de anarquistas refractarios en los movimientos sociales contribuye a la radicalización de estos. Si además, se organizan en grupos de afinidad y se federan con mayor o menor formalidad, mejor que mejor. Continúan una tradición histórica que ha sido fructífera. Los espacios autogestionados, las cooperativas sin liberados ni asalariados y las asambleas de barrio son herramientas de lucha necesarias. Pero ¡ay! Si Teruel existe, el anarquismo de derechas también. Forzoso es reconocer que los resultados de las elecciones municipales del pasado 24 de mayo devolvieron la fe en las instituciones a amplios sectores de la población, más desconfiados con la política durante el 15M. El anarquismo edificante dejó de estar de moda en determinados ambientes alternativos. Una parte considerable de libertarios políticamente correctos ha quedado poco menos que traumatizada al ver que su medio natural, la clase media depauperada e informatizada, los estudiantes y la burocracia vecinal emigraban a otros pantanos. Su reacción no se ha hecho esperar: en multitud de reuniones los envidiosos del éxito ajeno claman contra el “cortoplacismo”; los generales sin tropa reivindican un “anarquismo social y organizado” con “vocación de mayorías”, y, finalmente, los más originales, sienten voluptuosamente la necesidad de “una gran iniciativa social” que nos lleve a “conquistar juntos una verdadera democracia”. Tal es el caso de los autores del manifiesto “Construir un pueblo fuerte para posibilitar otro mundo”, verdadero pastiche ciudadanista que ha tenido la virtud de encandilar a unos centenares de firmantes.

En cuanto a imaginación y oficio, no se puede decir que sobre a los redactores, pero, en fin, en la época de la modernidad líquida, lo que importa es la pericia con los SMS y los whatsapps, no el saber escribir frases de más de una línea. Ya con el título aluden al eslogan “otro mundo es posible” de los antiglobis, pero recuérdese que ellos se referían a otra globalización, a otro capitalismo, no a un “modelo rupturista” con el que “reconstruirnos como sociedad libre y soberana” a través de una “democracia libertaria de las personas, no de los mercados”. El análisis de la “transición” es tan simple como el “erase una vez” de los cuentos de hadas: lo más alejado de un balance. “Democracia” es una palabra que se repite ad nauseam, un claro guiño a los indignados del 15M, bien relacionada con “nuestros derechos” y “la defensa de nuestras libertades y bienes comunes” ante una “élite” que “no nos representa”. ¿Qué libertades y qué bienes? Palabras como “burguesía”, “proletariado”, “conciencia de clase”, “clase dominante”, “explotación”, “miseria”, “revolución”, “anarquía” o “autogestión” están completamente ausentes, lo que es normal si tenemos en cuenta que el manifiesto se dirige a la lumpenburguesía en su mismo idioma, parte de la cual ha preferido votar a los “compañeros” que “están optando por la vía institucional”. Estamos ante un intento de fabricar una “marca” anarquista grata a las clases medias, por eso el lenguaje usado ha sido expurgado de términos que les resulten molestos y violentos. El anarquismo guay de los tiempos líquidos no surge como expresión teórica de la lucha de clases, la revuelta urbana o la defensa del territorio, sino como ideología de la confrontación pacífica “en las calles y plazas” entre entes abstractos como “el pueblo”, “la sociedad” o “la mayoría” (lo que sus “compañeros” políticos llaman “ciudadanía”) y la maligna “élite” o “el 1%”. Ciudadanismo a largo plazo, nada contradictorio con el otro, pues solamente intenta “impulsar la independencia popular”, o sea, ocupar el espacio que aquél ha abandonado al marcharse por sendas electorales.

Bien. Como ya hemos hablado suficiente del guisado, hablemos ahora de los cocineros, pues no son precisamente lo que se dice vírgenes en la escena libertaria. Los impulsores del manifiesto de Apoyo Mutuo son militantes de variado origen, así como quienes lo han suscrito. De alguna forma Apoyo Mutuo representa en el estado español al plataformismo, la corriente más retrógrada del anarquismo, caracterizada ante todo por el fetichismo de la organización, el santo grial del “programa” y el oportunismo sin límites de su práctica. A pesar de arrogarse una genealogía que arranca con el mismísimo Bakunin, este fenómeno de feria nació en Chile hace quince años sacando del desván el tema del “partido anarquista”, centralizado, jerarquizado y disciplinado, con un programa único. Un “comité ejecutivo” se encargaba de “despertar” a las masas desde fuera para que alumbrasen formas de “poder popular”, gracias a una dirección “correcta” que no dudaba en enfangarse con aventuras políticas. Izquierdismo de reminiscencias leninistas, que necesita altos niveles de sectarismo y alucinación para reinterpretar en clave burocrático-vanguardista una realidad muy alejada de los delirios autoritarios plataformiles. Es pues un producto de la desagregación cultural, política, económica y social del capitalismo, verdaderamente hostil al sueño igualitario, cuentista y propio de los fragmentos de clase asociados a la gestión que el sistema expulsa en sus huidas hacia adelante.

El plataformismo es la única corriente dentro del anarquismo que habla de “poder” y justifica sin complejos la férrea necesidad de una burocracia mediadora. La versión española es más light y posmoderna, tal como expresa su léxico buenrollista, y su vanguardismo está mejor disimulado en una “red de militantes” y una flexible “hoja de ruta”. Igual que sus mentores, Apoyo Mutuo considera la desorganización como el peor de los males y a los espontaneístas como al gran enemigo. Ignorando cualquier otra consideración, todos los males de la tierra son causados por falta de organización, y lo que es peor, por falta de un “programa común” que impide “actuar conjuntamente”. Hay que “acabar con la dispersión organizativa” y, gracias a una ingeniosa separación entre objetivos parciales y objetivos finales, “desarrollar las estrategias y tácticas que se estimen oportunas”, algo que se traducirá en prácticas reformistas y militantistas de tipo sindicalero, municipalista, asociacionista o parainstitucional. Como es de rigor, Apoyo Mutuo postula la necesidad de una burocracia dirigente a la que denomina “pueblo organizado” que administre el “poder popular”. Ha tenido buenos maestros en los figurones anarquistas que traicionaron la revolución durante la pasada guerra civil; por eso han de estar por la rehabilitación de la casta libertaria que renunció a todo menos a la victoria de sus renuncias. Revisionismo historiográfico necesario para la mitificación de un pasado con las miserias a buen recaudo: el partido de la verdad convertido en verdad de partido. El manifiesto nos trasmite un mensaje claro: la socialdemocracia libertaria buenista ha venido para quedarse y que se preparen los impresentables críticos de lo orgánico y los desorientados habitantes del gueto. ¡Nada fuera de la “organización”, todo por ella! ¡Abajo el comunismo libertario! ¡Viva la “democracia económica y política”!

De la caspa en el medi llibertari

Argelaga, 20-06-2015

Sortir del gueto” ha estat sovint una cançó entonada als medis llibertaris, la qual cosa, com que la situació que envolta les lluites socials, d’entrada marginals, és confusa i aiguada, no vol dir res més que qui la canta es prepara a girar l’esquena a la veritat de les coses a canvi d’una sobredosi d’activisme. Tancar-se en un veganisme curt de mires, un feminisme purament gramatical, la lectura de Foucault o el punk és tan sol una manera inofensiva d’adaptar-se a la trista realitat, però no és millor el cec voluntarisme o la militància orgànica. Això no porta enlloc, és pa per avui i per demà gana. Aquests són temps sense gaire mobilitzacions, sense minories lúcides i enfurismades, i no n’hi ha d’altra que analitzar bé el present per assenyalar-hi les contradiccions propenses a eixamplar les esquerdes del sistema i d’encoratjar la revolta. La crisi segueix el seu propi ritme, lent i desesperant, obert a totes les més fútils illusions, les úniques capaces ara d’aplegar majories. Tanmateix, aclucant els ulls davant l’experiència passada i carregant amb contrasentits flagrants per tal de tenir companyia i disfrutar d’un succedani d’acció és una forma de no ressoldre els problemes, ans els empitjora. En aquest punt la saviesa popular s’equivoca: no per ésser un bon grapat, en riurem més.

Sincerament creiem que la presència d’anarquistes refractaris en els moviments socials contribueix a llur radicalització. Si, a més a més, aquests s’organitzen en grups d’afinitat i es federen amb més o menys formalitat, això rai, doncs continuen una fructífera tradició històrica. Els espais autogestionats, les cooperatives sense alliberats ni asalariats, així com les assemblees de barri són eines necessàries de lluita. Però, vet-ho aquí, si Terol existeix, l’anarquisme de dretes també. Cal reconéixer que els resultats de les eleccions municipals del 24 de maig passat van tornar la fe en les institucions a d’amplis sectors de població que es refiaven menys de la política durant el 15M. L’anarquisme edificant ha deixat d’ésser a la moda per determinats ambients alternatius. Bona part dels llibertaris políticament correctes ha sortit poc menys que traumatitzada en veure que llur medi natural, la classe mitjana informatitzada i empobrida, els estudiants i la borucràcia veïnal emigraven cap altres aiguamolls. Llur reacció ha sigut ràpida; en moltíssimes reunions els envetjosos de l’èxit aliè criden contra el “curt-terminisme”; els generals sense tropa reivindiquen un “anarquisme social i organitzat” amb “vocació de majories” y, per acabar, els més originals experimenten voluptuosament la necessitat “d’una gran iniciativa social” que ens porti a “conquerir tots plegats una vertadera democràcia.” Aquest és el cas dels autors del manifest Construir un pueblo fuerte para posibilitar otro mundo, autèntica amanida ciutadanista que ha despertat l’apetit d’uns quants centenars de sotasignants.

Pel que fa a la imaginació i l’ofici, hom no pot dir que els redactors en vagen sobrats, però a l’època de la modernitat líquida és més important l’habilitat amb els SMS i els whtsapps que el saber escriure frases de més d’una línia de llargues. Amb el títol del manifest els autors aludeixen a l’eslògan “altre món és possible” dels ja vells anti-globis, però aquests parlàven de la possibilitat d’altra globalització, no d’un “model rupturista” amb el que reconstruir-se com a societat lliure i sobirana” a travers d’una “democràcia llibertaria de les persones, no dels mercats.” L’anàlisi de la “Transició” és tan senzill com el “vet aquí que en aquells temps” dels contes de fades: la cosa més allunyada d’un balanç. “Democràcia” és un mot que s’hi repeteix com l’all, un gest de complicitat cap als ingignats del 15M, ben lligat als “nostres drets” i a la “defensa de les nostres llibertats i bens comuns” davant d’una elit que “no ens representa”. Però ¿quines llibertats i quins bens? Paraules com “burguesia”, “proletariat”, “consciència de classe”, classe dominant”, “explotació”, “misèria”, “revolució”, “anarquia” o “autogestió” hi són completament absents, la qual cosa és normal si tenim compte que el manifest s’adressa a la lumpenburgesia amb els seu propi idioma, la mateixa que ha preferit votar als “companys” que “estan optant per la via institucional.” Ens trobem davant d’un intent de fabricar una “marca” anarquista agradosa a les classes mitjanes, per això el llenguatge emprat ha estat netejat de termes que pugin molestar o semblar massa violents. L’anarquisme guai dels temps líquids no surt com a expressió teòrica de la lluita de classes, la revolta urbana o la defensa del territori, sinó com a la ideologia del la confrontació pacífica “als carrers i les places” entre dos ens abstractes: un és “el poble”, “la societat” o “la majoria” (allò que llurs “companys” polítics i sindicals anomenen “ciutadania”); l’altre, la maligna “elit” o “l’u per cent”. Ciutadanisme a llar termini, gens contradictori amb l’altre, puix solament tracta “d’impulsar la independència popular”, o sia, ocupar l’espai que aquest últim ha deixat en marxar pels camins electorals.

Bé. Com ja em parlat bastant de l’amanida, parlem-ne ara dels cuiners, ja que ells no són allò que hom diu verges dins l’escena llibertària. Els impulsors del manifest de “Apoyo Mutuo” són gent militant de diversa procedència, igual que els qui l’han signat. D’alguna forma, “Apoyo Mutuo” representa a l’estat espanyol el plataformisme, la corrent més retrògrada de l’anarquisme, caracteritzada abans que d’altra cosa pel fetixisme de l’organització, el sant grial del “programa” i l’oprtunisme sense limits de la seva pràctica. Malgrat atorgar-se una genealogia que arrenca amb el mateix Bakunin, aquest fenòmen de fira va néixer a Xile fa quinze anys, agafant de les golfes l’assumpte del “partit anarquista”, centralitzat, jerarquitzat i disciplinat, amb un programa únic. Un “comité executiu” s’encarregaria de “despertar” les masses desde fora per tal que donaren lloc a formes de “poder popular” i tot gràcies a una direcció “correcta” sense cap escrúpol d’enfangar-se en aventures polítiques. Esquerrisme de reminiscències leninistes, al que li cal alts nivells de sectarisme i d’alucinació a fi de reinterpretar en clau burocratic-avantguardista una realitat força allunyada dels deliris autoritaris plataformils. Així doncs, és un producte de la desagregació cultural, política, econòmica i social del capitalisme, vertaderament hostil al somni igualitari, rondallaire i típic dels fragments de classe associats a la gestió que el sistema n’expulsa a cada fugida endavant.

El plataformisme és l’única corrent dins l’anarquisme que parla de “poder” i justifica sense complexes la necessitat de ferro d’una burocràcia mediadora. La versió espanyola és més light i postmoderna, com ho demostra el seu lèxic bonrotllista, i el seu avanguardisme està ben dissimulat sota una “xarxa de militants” i un flexible “full de ruta.” Igual que ho fan els seus mestres, “Apoyo Mutuo” té a la desorganització com el pitjor dels mals i els espontaneistes, co el gran enemic. Por sobre d’altra consideració, tots els mals del planeta són provocats per la manca d’organització, i pitjor encara, per la absència d’un “programa comú” que impedeix “actuar conjuntament”. Cal “acabar amb la dispersió organitzativa” i, mitjançant una enginyosa separació entre objectius parcials i objectius finals, “desenvolupar les estratègies i tàctiques que hom cregui oportunes”, la qual cosa es traduirà en pràctiques reformistes i militantistes a l’estil sindicaler, municipaliste, associacioniste o parainstitucional. Com no podia ésser d’altra manera, “Apoyo Mutuo” postula la necessitat d’una burocràcia dirigent a la qual anomena “poble organitzat” amb la tasca d’administrar el “poder popular”. Ha tingut bons mestres amb els fantasmons anarquistes que van traïr la revolució en 1936, per la qual cosa són partidaris de rehabilitar la burocràcia dirigent llibertària que va renunciar a tot menys a la victòria de les seves renúncies. Revisionisme historiogràfic que fa falta per a la mitificació d’un passat amb les misèries ben amagades: el partit de la veritat transformat en la veritat d’un partit. El manifest ens tramet un missatge clar: la socialdemocràcia llibertària sentimental ha arribat amb la fi de romandre molt de temps, i que aquells que critiquen l’orgànic o els pobres desorientats del gueto es preparin. Res fora de lorganització, tot per ella! Fora el comunisme llibertari! Visca la “democràcia econòmica i política” sigui el que sigui!

Advertisements

2 responses to “De la caspa en el medio libertario

  1. Retroenllaç: Anti Government | Riffraff in the libertarian milieu – Argelaga·

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s